¡Viva la Guelaguetza! El grito en la máxima fiesta de Oaxaca

Jaime Guerrero

Oaxaca, Oax.- Raíces bordadas en huipiles. Orgullo enlazado en negras trenzas. Chirimía que anunció la fiesta y sombreros agitados al aire: La fiesta grande de Oaxaca.

La máxima fiesta sirvió de ocasión para que la Diosa Centéotl convocara a las mujeres a nunca cansarse de luchar desde las etnias por mundo mejor para seguir adelante.

En la rotonda de las azucenas, corazones latieron al compás, entre sones y chilenas. Alegría dibujada en faldas ensortijadas y un grito al unísono que recitó: ¡Que viva la Guelaguetza!

La tarde cayó sobre el majestuoso Cerro del Fortín, el viento abanicó el cabello de la Diosa Centéotl cuando anunció el inicio del homenaje a los pueblos de Oaxaca. Leticia Santiago Guzmán, mujer chatina, dio la bienvenida y con orgullo convocó a las etnias hermanas a nunca avergonzarse de sus raíces.

“Hoy les quiero decir a todas las mujeres que nunca nos cansemos de luchar desde nuestras etnias y que siempre veamos un mundo mejor para seguir adelante. Hoy les quiero decir a las diferentes culturas de mi estado, a las 16 etnias y al pueblo afromexicano que nunca nos avergoncemos de nuestras raíces, que donde quiera que vayamos sintámonos orgullosos de ser oaxaqueños”

Chirimiteros y tamboriteros aparecieron a escena haciendo sonar las primeras notas de la fiesta en preámbulo a la llegada de los de Santiago Teotongo, quienes en la alegría de la boda hicieron serpentear las faldas mientras los hombres llevaban al aire los guajolotes vestidos de novio y novia.

La estampa folclórica transitó hacia la región de la Costa en el zapateado sincronizado de los diablos de Santiago Llano Grande. ¡Llegaron los diablos desde la llanada! Son de Llano Grande. ¡Viva la negrada!

En las gradas el público reventó en aplausos tratando de atrapar el pan, chocolate, tortilla y frutas que vuelan desde el escenario.

Al vaivén de los sombreros de panza de burro se oyeron las notas del Jarabe Chenteño de San Vicente Coatlán. A brinquitos en huaraches los danzantes empuñan el machete llevando al canto: ¡Que te piso el rabo culebra, que no me hace nada culebra, culebra chenteña! Las faldas de las bailarinas volaron ensortijadas con alegría y gozo, embriagadas de fiesta.

La tarde avanzó. El cielo de zafiro oscureció entre los ritos y creencias, costumbre y tradición de San Pedro Amuzgos, hablantes de la palabra del agua.

Hilvanados en telar de cintura contando parte de su tradición perfumados con el olor de copal.

Desde el palco oficial, el gobernador, Salomón Jara Cruz; la secretaria de Turismo, Saymi Pineda Velasco e invitados especiales, se estrenaban y observaban como anfitriones. Mientras el auditorio lucía repleto, a diferencia de la edición matutina en la que tuvieron que echar mano de integrantes de un sindicato para llenar la sección D.

Empero la fiesta seguía, no fue opacada: A pasito elegante, entre terciopelo y encaje en escenario Asunción Ixtaltepec, pueblo alfarero que orgulloso muestra su fiesta patronal en honor a la asunción de la Virgen María. De refinados vestidos y movimiento cadencioso, las danzantes engalanaron el escenario.

El ritmo cambia, y en el Baile de la aguja, los de Santo Tomás Jocotepec, van relatando sus tradiciones, aquellas que se bordan en coloridos huipiles, entre la melodía del violín y la guitarra que guía a la mujer sabia, mujer vidente, en dirección de la aguja escondida entre el público.

Con la tarde muriendo, el auditorio se perfumó de melancolía con las notas de la Canción Mixteca de Huajuapan de León, tierra del sol, país de las nubes. Luego, entre los pies ágiles de la pareja danzante, el público aplaudió y coreó un oooole al ritmo del jarabe mixteco.

De vuelta a la región del Istmo de Tehuantepec, el escenario se enamoró con Juchitán de Zaragoza en un pasito refinado que acompañó la boda tradicional istmeña.

El encanto continuó bajo el cielo estrellado con el ritmo de Santiago Juxtlahuaca y su danza de los rubios; la fuerza de la danza de la Pluma de Trinidad de Zaachila; el misticismo de Santa María Tlahuitoltepec; la sincronía y belleza de la Flor de Piña San Juan Bautista Tuxtepec; la picardía de los sones y chilenas Santiago Jamiltepec y el zapateado frenético de Putla Villa de Guerrero.

La Guelaguetza es delirio, es solemnidad y al mismo tiempo algarabía; es un contraste entre la religiosidad a los santos patronos y el fandango en una boda o bautizo. Un derroche de cultura y regocijo que lleva a todos a gritar: ¡Que viva la fiesta grande!

Cerraron majestuosas, las chinas oaxaqueñas con su jarabe Del Valle congregando a todas las delegaciones en medio de un espectáculo de fuegos pirotécnicos.

Por la mañana, 16 etnias y el pueblo afromexicano, llegaron a la Verde Antequera a mostrar su cultura. En un abrazo fraterno, de paz y júbilo, con una vibrante muestra de danzas, bailes, música y bellísimas vestimentas tradicionales de colores infinitos como el espíritu de Oaxaca, llenaron de alegría el corazón en la Guelaguetza 2023.

En la edición matutina de la fiesta histórica mostró sus orígenes indígenas y populares a más de 15 mil asistentes, visitantes locales, nacionales e internacionales que abarrotaron el coloso del Cerro del Fortín en una fiesta de colorido inigualable.

En punto de las 10 de la mañana arribó el gobernador Salomón Jara Cruz y la presidenta honoraria del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Oaxaca, Irma Bolaños Quijano; en compañía del secretario de Turismo, Miguel Torruco Marqués; las secretarias de Cultura, ‎Alejandra Frausto Guerrero, y de Energía, Norma Rocío Nahle García; el presidente municipal de Oaxaca de Juárez, Francisco Martínez Neri, así como integrantes del gabinete legal y ampliado.

La gran fiesta inició con la chirimía, el Jarabe del Valle anunció la presencia de las Chinas Oaxaqueñas, zapotecas de los Valles Centrales, con los monos de calenda y los marmoteros. Sus canastas adornadas con flores, sus faldas largas de colores brillantes, largas trenzas negras y pañoletas sobre el pecho, con sus imágenes de la Virgen de la Soledad sobre el corazón.

Llegó Huautla de Jiménez de la región de la Sierra de Flores Magón; San Sebastián Tutla; y por primera vez en 91 años de historia de esta gran fiesta, se presentó la delegación de chinantecos de San Lucas Ojitlán de la Cuenca del Papaloapan; Santa Catarina Juquila de la Costa, chatinos que trajeron sus Chilenas, Sones y Juegos de Santa Catarina Juquila.

De las montañas de la Sierra de Juárez llegaron, la delegación de San Melchor Betaza con Sones y Jarabes de Betaza.
Los Ikoots de San Francisco del Mar del Istmo de Tehuantepec presentaron sus tradiciones.

Santa María Tonameca de la región de la Costa; de la Tierra del Sol, las y los mixtecos y su canto la Canción Mixteca. Las mujeres de Huajuapan de León bailaron al ritmo del vuelo de las faldas coloridas, enormes y largas que ondearon mostrando el júbilo que fue acompañado por aplausos del público.

La majestuosa y soberbia Danza de la Pluma de los zapotecos de la Villa de Zaachila.

El pueblo afromexicano de Collantes de la región de la Costa, con la Danza de los Diablos fue la muestra de la unión de la cultura y música de los esclavos traídos por los españoles con los pueblos indígenas de esa región.

La delegación de Santo Domingo Tehuantepec, con Vela Sandunga deslumbró con los vestidos de las tehuanas orgullosas engalanadas con brillantes joyas de oro de filigrana oaxaqueña.

Las mujeres de San Juan Bautista Tuxtepec de la Cuenca del Papaloapan con sus inigualables huipiles bordados, arrancaron las ovaciones de la audiencia con la coreografía de Flor de Piña.

La puesta en escena sirvió de ocasión para rendir un homenaje a la maestra Paulina Solís, quien falleció el pasado domingo 9 de julio. Las bailarinas también ofrecieron un sentido homenaje a Karina León Gaytán, integrante de la delegación, quien también falleció recientemente.

Y ya llegaron los de Ejutla de Crespo, con el Jarabe Ejuteco contagiando de alegría, mientras que la delegación de Santiago Pinotepa Nacional de la Costa, con Chilenas, Sones y Juegos, y un verso reconocieron a la creadora de la coreografía Flor de Piña de la delegación hermana de San Juan Bautista Tuxtepec, arrancaron las ovaciones de las personas asistentes.

El corazón se llenó de gozo y alegría, de hermandad, en una fiesta incomparable en la que los pueblos de Oaxaca bailaron, danzaron y compartieron en la inigualable Guelaguetza 2023.

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