Ismael Ortiz Romero Cuevas

Una de las películas que sigue siendo consentida de gran parte del público es “Volver al futuro”, cinta de 1985 y que este año, celebra su trigésimo quinto aniversario y que sin quererlo, se convirtió en una de las franquicias más redituables en la historia del cine.

“Volver al futuro” nunca fue ideada como una trilogía, sino que tanto su productor Steven Spielberg, como su director Robert Zemeckis, pensaron que se trataría de una sola película que tendría como trama los viajes en el tiempo. Y mientras la idea de una comedia de ciencia ficción parecía algo descabellada, el público en las salas de cine, la recibió desde su lanzamiento con gran entusiasmo.

Uno de los elementos que fueron decisivos en el éxito de esa primera película, fue el renombre que ya tenía Spielberg en el ámbito cinematográfico, pues cintas como “Encuentros cercanos del tercer tipo”, “Tiburón” o “E. T. El extraterrestre” le habían dado gran notoriedad a su carrera.  Asimismo, el protagonista Michael J. Fox, gozaba también de gran reconocimiento con el público adolescente gracias a la sitcom televisiva “Lazos familiares”. Pero “Volver al futuro” va más allá de ser una comedia de ciencia ficción del montón y tenía lecciones de vida contundentes en su contenido.

Marty McFly (Michael J. Fox) es ese chico adolescente en búsqueda de elementos que definan su personalidad, pero además, no es un personaje que se destaque de su círculo social. Marty es alguien que tiene dudas normales, es alguien que ambiciona cosas y ama a su novia, quiere ser músico y tiene aspiraciones que se pueden decir, tenían la mayoría de los chicos en esos años. Sin embargo, su amistad con el Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd) lo hacen especial, pues, aunque por ello se le considere ‘nerd’, es esa situación la que le hace tener la experiencia, ficticia obviamente, más alucinante de su vida y ser protagonista de uno de los misterios que más inquietan al ser humano: viajar en el tiempo. Todo eso, provoca embelecos que repercutirán en su vida futura, es decir, presente; pero que Marty las ocasiona de manera accidental, pues para el personaje siempre resulta fundamental la defensa de la justicia, del amor y del compañerismo.

Emmett Brown por su parte, es ese adulto que cree en el potencial de Marty pero sobre todo, en su amistad y lo comprueba cuando el chico, pese al riesgo que corría, le advierte que su vida corre peligro. En todas las épocas, los niños, adolescentes y jóvenes necesitan recurrentemente en un adulto que crea en ellos, que les tenga confianza y que les auxilie a descubrir sus talentos. Y eso, es lo que el Dr.Brown representa para Marty, esa persona con cierto reconocimiento que ante todo, está seguro de su potencial y de lo que puede hacer. Por ello, Marty se mete en líos manejando el tiempo por rescatar a su amigo en las dos películas subsecuentes.

Las lecciones no solo de “Volver al futuro”, sino la trilogía son elementos si quieren obvios pero con la contundencia y claridad con que a veces los adolescentes necesitan observarlos. Así, la perseverancia, entender que nunca es tarde para cumplir los sueños, el sentirse satisfecho con los logros propios, la empatía de los padres hacia los hijos y viceversa, el intentar cosas nuevas con la visión de aprender más que de fracasar o el cuidado del medio ambiente, son temas que se plantean en esta película. Sin embargo, hay una lección encerrada en una sencilla frase que resulta de una profundidad terminante, pues nos dice que somos nosotros quienes al final de cuentas, somos los propietarios de nuestros actos, de nuestras reacciones, de nuestras emociones y de nuestras actitudes; incluso, somos los responsables de las decisiones que tomamos: “Tú eres el dueño de tu propio destino”.

Celebremos los 35 años de la primera película, recordando todo lo que “Volver al futuro” significa en nuestra vida. Mi Twitter: @iorcuevas.