Ismael Ortiz Romero Cuevas

Desde hace unas semanas la serie “Cobra Kai”, producida por Sony Pictures originalmente para YouTube Premium, se encuentra disponible en el catálogo de Netflix, convirtiéndose en tendencia y en una de las historias más vistas de la plataforma. Los elementos de producción, pero sobre todo, su valor nostálgico, ha sido el deleite de los usuarios, quienes han encontrado en ella, una historia un tanto innecesaria pero entrañable para los personajes que nos hicieron pasar grandes momentos en la década de los ochenta, en la saga de culto “Karate Kid”.

El enfrentamiento entre el dojo o pandilla “Cobra Kai” en contra del alumno del señor Miyagui (Noriyuki “Pat” Morita), es llevado hasta nuestros días con Ralph Macchio y William Zabka regresando con los papeles de su vida: Daniel LaRusso y Johnny Lawrence respectivamente, quienes reviven esa añeja rivalidad que data desde 1984, pero ahora convertidos en sensei de unos adolescentes, que los obligan a modernizarse tanto en sus técnicas y comportamiento, al ser mentores de chicos que no están acostumbrados a un trato excesivamente rudo, a encerar automóviles o pintar cercas.

La historia en realidad tiene un tratamiento muy simple, es predecible, cuenta con una estructura sin complicaciones y no tiene giros argumentales que nos sorprendan; todo lo que “Cobra Kai” presenta ya lo hemos visto en cualquier otra serie adolescente o en las telenovelas mexicanas, pero tiene una estimación agregada muy difícil de superar por cualquier otro drama: la nostalgia. En “Cobra Kai” nos presentan elementos y detalles que resultan verdaderamente emocionantes para quienes vimos la película más de una vez y fuimos testigos de como Daniel LaRusso se sobreponía al acoso de quienes integraban “Cobra Kai”, mostrando objetos como el den-den daiko (el tambor de ambas caras, sujetado por una barra y con dos perlas que se suspenden de ambos lados) y que jugó un papel crucial en la cinta, las reglas en japonés del dojo de Miyagui, el auto amarillo, la chamarra roja, la patada de la gruya, el traje de esqueleto y la misma presencia de “Pat” Morita encarnando a Miyagui en imágenes de archivo y a quien le rinden homenaje en un capítulo completo. “Cobra Kai” nos dará justo en ese sentimiento melancólico donde nos emocionábamos cuando LaRusso se hacía justicia mediante el karate.

El encuentro de estos personajes con la vida moderna como los teléfonos celulares, las redes sociales, las aplicaciones de citas, las videollamadas y demás iconos tecnológicos, supone la evolución de la antigua forma de enseñar karate a la contemporánea, donde los estudiantes deben ser tratados con menos rigor y con una disciplina un tanto más relajada y que es una adaptación de comportamientos que tanto LaRusso como Lawrence deben dar para obtener el reconocimiento de sus estudiantes. Los nuevos personajes que acompañan a los protagonistas son Miguel Díaz (Xolo Maridueña); Samantha LaRusso (Mary Mouser) y Robbie Keene (Tanner Buchanan), jóvenes actores quienes protagonizan el triángulo amoroso adolescente que no tiene absolutamente nada de sorprendente, pero que condimenta la rivalidad entre los veteranos karatecas.

“Cobra Kai” nos muestra ahora el punto de vista de quién siempre supusimos el villano de la historia y los fantasmas de quien siempre creímos, era la víctima y el héroe; es decir, nos confirma que el lobo siempre será el villano si la fábula se cuenta desde la perspectiva de Caperucita. En “Cobra Kai” no vemos héroes y villanos, vemos un enfrentamiento de adultos con culpas que envuelven a los adolescentes en una animadversión en la que ellos no tuvieron nada qué ver; sin embargo, eso no le quita a ningún personaje la condición humana con matices opuestos y temperamentos propios de cualquier persona, convirtiéndolos en lo que a todos como público nos encanta ver en la pantalla: héroes comunes y corrientes.

William Zabka y Ralph Macchio fungen como productores ejecutivos de la serie al lado de Will Smith, además de que todo el equipo de productores, son grandes fanáticos de las películas, por ello se arriesgaron a continuar la historia de dos rivales que no debían serlo, de justificar esa patada por la que LaRusso debió ser descalificado en ese torneo de la primera película y que es el motivo de la vida errática de Lawrence, asimismo, de mostrar el sufrimiento en secreto del otrora malvado y por el que fue odiado por 34 años. Se arriesgaron también porque si “Karate Kid” se debía continuar, debía ser con los mismos actores, de quienes poca gente sabía sus nombres reales y los llamaban como sus personajes; ¡Ey, LaRusso! Recuerda Ralph Macchio que le gritaban muchas veces en la calle y a Zabka le posaban con la patada de la gruya. Debían arriesgar a que la cobra volviera a morder a Lawrence y abrir esa caja de pandora que nos ha dado en medio de la añoranza para confirmar que, es de valor sustantivo conocer una historia desde todas las perspectivas de quienes se vieron involucrados. Mi Twitter: @iorcuevas.