María Reyna, soprano mixe internacional, profundamente regional

Ezequiel Gomez Leyva

Oaxaca, Oax.- A María Reyna le encanta cantar en mixe porque es una forma de transmitir sus  vivencias o “de donde vengo o de donde soy”. Y la forma de interpretar su canto ha logrado que personas que aunque no saben lo que significan las letras de las canciones le dan las gracias, “ellos me dicen, gracias porque me enchinaste la piel, me hiciste sentir bonito».

“Amo lo que hago, amo cantar en las lenguas, algunas veces me han dicho: ‘eres famosa’, pero no me la creo todavía porque lo que hay detrás es el trabajo de día a día”.

“Ahora que estoy difundiendo las lenguas de nuestro México, las lenguas de Oaxaca, eso me emociona y me encanta transmitirlo y más, al observar que cuando estoy cantando, la gente se emociona también y se sienten orgullosos de sus raíces”.

“Mi mayor reto fue irme a vivir a otra ciudad, por supuesto que eso te cambia, cambia tu manera de pensar o ves diferente las cosas o valoras más lo que tienes, lo que me costó mayor trabajo fue hablar el español.

“En Guadalajara estudiaba, el estudiar y trabajar al mismo tiempo suena muy fácil, pero no es cualquier cosa, y cuando realmente decides y quieres hacer algo tan grande, yo siempre he dicho que hay que soñar tan en grande, para que lo se te ponga en el camino no sea como un obstáculo, no sea como el pretexto de ‘yo ya no lo puedo hacer’.

“En su momento yo lo decía, era chiquilla, pero yo decía: ‘yo no regreso hasta ser alguien en esta vida, alguien diferente, ser una mujer independiente’. Y vaya que me costó mucho, cuando realmente  lo dije lo dije fácil, pero llegar a una ciudad, a Guadalajara, llegar a estudiar y trabajar y quieres volver a casa, y dices: ‘a dónde crees que vas, porque tú dijiste que no vuelves’.

“Lo que me motivó a ponerme esa meta fue el ver a las mujeres en mi pueblo, yo no  quería repetir el mismo patrón que hay en  las comunidades, en las mujeres pasa, las mujeres que se quedan en casa terminan trabajando en su casa, en su comunidad, se casan muy jóvenes y yo veía que a veces ahí no está la felicidad y cuando piensas en eso tú dices: ‘yo quiero ser algo diferente’ y eso te motiva a seguir adelante y dices: ‘yo quiero salir o sobresalir para no llevar la misma vida’”.

Explica que en la mayoría de las comunidades de Oaxaca la edad promedio para casarse es entre 15 a 18 años, o un poco más, pero menos de 20, en Tlahuitoltepec específicamente cuando alguien ya pasa de los 25 a 30 o más dicen «ya se quedó». Yo no quería esa vida para mí, desde pequeña me dio por cantar, me gustaba hacerlo, en el coro de la escuela siempre participaba, siempre cantaba en los festivales…

Por momentos se le quiebra la voz y con un dejo de nostalgia comenta que desde pequeña sintió que en su casa faltaba algo, económicamente… los ojos amenazan con desbordarse, pero retoma la compostura y reinicia la conversación y con una enorme sonrisa donde asoman unos dientes como perlas, dice que cuando le preguntan que hubiera sido si no hubiera cantado, ella contesta con alegría, que la música la eligió a ella.

La niñez transcurrió como la mayoría, entre juegos infantiles, cosechas y siembras, ciclos necesarios para la subsistencia o supervivencia –para tener qué comer durante el año–, cantar entre amaneceres y atardeceres y quizás a veces bajo los tenues rayos de luna llena, pero sintió que ella tenía que ser algo diferente, y ahora que ha pasado el tiempo en algunos videos que ha rescatado en sus últimas visitas a su pueblo, confirma que nació para cantar.

“Cuando vi esos videos sentí alegría y tristeza y los miro con un poco de lágrimas porque me  recuerda la época en la que no pude estar con mi familia debido a que estaba estudiando y trabajando”, el tiempo, ella sabe, ya no volverá, pero que le ha traído enorme satisfacción porque ha cumplido uno de sus grandes sueños.

Hasta hacia poco no se la creía, no dimensionada su actividad artística, porque recuerda que todavía cuando trabajaba hasta hace cuatro años más o menos, cuando iba a cantar con la banda del CECAM grabó un disco y  se presentó en un  escenario y cantó con artistas como Natalia Lafurcade, Lila Dawns y artistas locales y nacionales. Cantó frente a más de 10 mil personas en la explanada de Bellas Artes, en la hoy CDMX, y fueron dos días de concierto y se regresó a trabajar en la casa donde estaba, como algo normal, con una rutina de las siete de la mañana a las cinco de la tarde, para luego correr a sus clases de canto.

Durante la entrevista, es recurrente en María Reyna mirar al cielo, perder la vista en el firmamento limitado por las vigas del techo del restaurante remodelado, una casa de la época colonial que ha sobrevivido a los embates del tiempo, y tratar de ocultar sus emociones que amenazan asomarse a sus ojos convertidas en perlas trasparentes.

Amplios suspiros acompañan a cada uno de sus recuerdos, y no logra controlarlos y las lágrimas la traicionan cuando recuerda que su mayor reto y gran preocupación son sus padres y su hermana. Sabedora del imbatible paso del tiempo se derrumba al pensar en las condiciones en las que viven sus padres allá en los caminos pedregosos de Santa María Tlahuitoltepec, y eso dice, la renueva cada día  para retomar esa lucha que inició hace varios años, pelea que va ganando día a día y espera lograr mejores condiciones de vida para sus padres, esa motivación la tenía presente cuando  sentía el deseo de rendirse, ella misma se decía «¿a dónde vas? si tu dijiste que no volvías hasta volver triunfadora», pensar en ello la motiva a combatir fuertemente, y decirse lo que muchas veces escuchó a otras personas decirle: «a rajarse a su tierra».

Joaquín Garzón –su maestro– siempre le dijo una frase que hasta hace poco ha empezado a comprender: «para ser internacional tienes que ser profundamente regional», eso significa que “tenía que ser una persona  tan transparente y mi música y mi canto tenía que ser de donde yo soy, por supuesto que ópera mixe es un género, una fusión de música clásica, jazz contemporáneo, impresionismo, combinado con fusiones de las lenguas originarias de nuestro México”.

Haría falta tinta y espacio para describir cada uno de los gestos y expresiones adoptadas por la soprano mixe, María Reyna González Lópezasí es su nombre completo–, faltarían letras para hablar de los sinsabores y decepciones que ha recibido, sobre todo porque una de sus más grandes malas experiencias la vivió aquí en su querida Oaxaca, «aquí fue donde entendí la frase de que nadie es profeta en su tierra», porque el año pasado durante las fiestas de la Guelaguetza se había anunciado su presentación en el jardín El Pañuelito del centro histórico, pero en una decisión unilateral sin sentido, la dependencia que la había invitado anunció que se cancelaba la presentación si haber sido ella notificada, y esgrimiendo la excusa de que había sido la cantante quien había cancelado, «ahí sí tuve que salir a explicarlo, a decir que no había sido yo, que fue el funcionario quien lo decidió” y de ahí surgió una serie de declaraciones que al final de cuentas dio un buen resultado, porque ahora ya no se presentará en un parque público, sino en el majestuoso teatro Alcalá, con una gran producción y un disco de manera formal –que estamos seguros– le traerá muchos éxitos. Tambien resultó en nuevas amistades como el fotógrafo que le realizó las fotografías para su disco de ópera mixe.

María Reyna, soprano internacional Este Cenzontle con sus cuatrocientas voces seguirá cantando su opera mixe, seguirá cantando en las grandes ciudades, en pequeños pueblos, en teatros y salas de conciertos siempre cumpliendo lo que una día le dijo su madre, que cantara “con los pajaritos en las montañas”, lo que la ha llevado a grandes escenarios, pero sin perder la esencia  básica, el amor a su madre, que se ve reflejada en una canción muy especial cantada en mixe a su madre y que la hace vibrar cada que la interpreta.

Su próxima presentación respaldada por una trayectoria ganada a pulso, junto con el lanzamiento de su disco, será en el majestuoso Teatro Alcalá el 31 de julio a las 7 de la noche de este año, además de otras presentaciones en diferentes escenarios de la capital oaxaqueña y diferentes estados de la república.

Soñar no cuesta nada dice una frase, y María Reyna sigue soñando, pero “en grande”, porque comenta que todavía no se la cree, que siente que todavía tiene un largo camino que recorrer y aunque en cierto  modo tiene razón, ya comenzó un vuelo que solo tiene como el límite el cielo, un cielo azul con nubes de algodón tachonado de estrellas por las noches, un vuelo tan hermoso como es el cielo mixe en Santa María Tlahuitoltepec.

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