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SE TAMBALEA EL “IMPERIO” DE LOS MORA EN LAS FERIAS DE OAXACA
Carlos CARBALLO
Por años, el apellido Mora ha estado ligado al control de importantes espacios de ferias y juegos mecánicos en distintas celebraciones de Oaxaca. Eventos de gran convocatoria, como las fiestas de la Iglesia de la Soledad y la celebración de Juquila, representan algunos de los escenarios donde este grupo ha mantenido una presencia histórica y una posición dominante frente a distintas administraciones.
Pero hoy esa dinámica parece comenzar a cambiar.

El conflicto surgido en la Villa de Zaachila pone sobre la mesa una pregunta que durante años pocos se habían atrevido a plantear: ¿Qué pasa cuando una autoridad municipal decide no ceder ante un grupo que durante décadas ha tenido una fuerte capacidad de negociación?
Los propios ferieros que se identifican con la organización de apellido Mora han hecho públicos señalamientos de presuntas exigencias económicas y han cuestionado la actuación del Ayuntamiento. Sin embargo, detrás de esta disputa también se observa algo más profundo: el choque entre una estructura acostumbrada a tener espacios asegurados y un gobierno municipal que decidió establecer nuevas reglas para la instalación de las ferias.
Zaachila, en este escenario, se convierte en un punto de quiebre.
La administración de Ernesto Vargas López, “Neto”, sostiene que los espacios públicos deben organizarse bajo criterios institucionales y no quedar sujetos al control exclusivo de una organización. Esto abre la puerta a la participación de otros ferieros y rompe, al menos en esta celebración, con una dinámica que durante años parecía intocable.
Lo ocurrido en Zaachila podría tener repercusiones más allá de sus límites territoriales. Con la llegada de próximas celebraciones de gran importancia en Oaxaca, el mensaje es claro: los espacios públicos no son propiedad de ningún grupo ni de ninguna organización.

Más que una disputa por lugares, lo que hoy se está poniendo a prueba es el poder que durante años han acumulado determinados grupos dentro de las fiestas populares.
Y en Zaachila, por primera vez en mucho tiempo, ese poder parece haber encontrado un límite institucional.
El presunto monopolio se tambalea. Y Zaachila podría ser el principio del fin de una era.