Carlos R. Aguilar Jiménez

Dueños de flotillas y taxistas, fieles a su condición intimidatoria y costumbre brutal de amenazar en muchedumbre a todo aquel que tiene la mala fortuna de tener algún incidente de tránsito con alguna de sus unidades, habituados a conseguir sus mezquinos intereses mediante amenaza y chantaje, secuestraron CDMX bloqueando avenidas principales impidiendo que millones de personas pudieran llegar a tiempo a su destino, sin que a los taxistas importara si se trataba de citas médicas, cumplimiento de obligaciones y responsabilidad de los demás, porque fieles a su estilo brutal de manejar que es directamente proporcional a su bestialidad y al número de choferes que reúnen para agredir a los demás, secuestraron la ciudad y bloquearon calles para exigir no tengan competencia y se cancelen o prohíban aplicaciones de UBER y CABIFY que ofrecen a usuarios servicio de taxi digno, limpio, eficiente, económico y especialmente seguro o confiable.

Para nadie es secreto guardado que los taxistas en general son: roba maletas, malolientes, abusivos, montoneros, maleducados y cobran arbitrariamente a quienes tienen necesidad de subir a un taxi, incluso arriesgando su integridad porque nunca sabe uno que clase de póngido maneja el taxi, por lo que en CDMX, varias ciudades de México y miles en el mundo, como opción, facilitan la utilización de aplicaciones de telefonía móvil que permiten solicitar un vehículo de transporte seguro, al que además no hay que pagar en efectivo, se sabe el nombre del taxista y llevará al usuario vía GPS por la mejor ruta garantizando siempre no salirse del trayecto, como nunca hacen los taxistas normales quienes engañan al pasajero que no conoce la ciudad.

El mundo cambia y no vivimos en el siglo XX, y si bien, algunos creen que las cosas son para siempre lo cierto es que no es así y, una de las ventajas para usuarios o clientes de los negocios es la competencia entre negocios, su actualización y modernización para brindar mejores servicios o precios, circunstancia que no aplica con los taxis tradicionales que no quieren competir y ofrecer mejor servicio, especialmente seguridad y tarifas justas y pretenden que el gobierno siga protegiendo para que continúen sus abusos como sucede en Oaxaca, donde el poder de intimidación, amenaza y abuso que les caracteriza, pone de rodillas al gobierno y especialmente humillan a la directora de SEMOVI, que obedece puntualmente las exigencias de taxistas, evitando utilicen taxímetros, cobren tarifas justas y se comporten educadamente con los demás conductores y sus propios pasajeros, porque en caso de que el gobierno no obedezca y ponga de rodillas ante los líderes de taxistas, bloquearan calles y secuestraran la ciudad, logrando hasta ahora que en Oaxaca no haya UBER, porque el gobierno le tiene miedo a taxistas y toda agrupación violenta. En Oaxaca no harán marchas ni bloqueos porque tienen de rodillas al gobierno, así que al no haber UBER ni CABIFY, les tiene sin cuidado lo que hagan taxistas de otras ciudades donde si hay competencia y beneficios para pasajeros de taxis, porque en Oaxaca impera la ley de la brutalidad taxista.