Un millón de turistas


Carlos R. Aguilar Jiménez

Visitarán Oaxaca más de un millón de turistas. En 2018 se llegó a 950 mil visitantes de enero a diciembre y este 2019 se prevé romper récord. Y con la inauguración de nuevas rutas aéreas se espera un incremento de visitantes, dijo el titular de la Secretaría de Turismo, Juan Carlos Rivera Castellanos, quien proporciona únicamente datos estadísticos duros no de calidad que muestran que, efectivamente los turistas vienen a Oaxaca, pero no dice si regresan, porque cualquier turista o viajero que, por ejemplo visita ciudades que tienen la misma categoría de Oaxaca como Patrimonio Cultural de la Humanidad: Florencia, Venecia, Paris, Torino, Toledo o Antequera, se quedará siempre con el deseo de regresar, el gusto por volver y si pueden lo harán, no así a Oaxaca, que si bien tiene todo para ser visitada dos y más veces, lo cierto es que los turistas no regresan nunca.

Cualquier turista con poder adquisitivo, que gastara su dinero en hoteles, buenos restaurantes, bares, galerías, museos, tiendas y mercados, que busca disfrutar placenteras vacaciones (excepto mochileros, trotamundos, jipis, paupérrimos y extremófilos), en una ciudad apacible, ordenada, limpia, tranquila, hospitalaria y feliz, como prometen los agentes de viajes y funcionarios encargados del turismo, nunca informan al turista la realidad social de Oaxaca, y así los visitantes resultan engañados, burlados y hasta abochornados cuando llegan a la ciudad, porque lo primero que puede suceder es que este bloqueado el camino del aeropuerto o calles de la ciudad, segundo, que los asalten taxistas, ya sea de camionetas del aeropuerto con sus excesivas tarifas o los otros amarillos, porque todos abusan y agreden, para después decepcionarse respecto de las imágenes y fotografías que muestran las campañas publicitarias oficiales de turismo, que no enseñan los grotescos, malolientes y sucios puestos que como mercado rodean la suntuosidad de Santo Domingo y de todos los atractivos turísticos de la ciudad donde vendedores ambulantes, pordioseros y  mercachifles como los que se dicen indígenas triques que han convertido el edificio de gobierno en pútrido mercado o lugares parecidos a las calles de Bombay, Madrás o el mercado de abasto de Oaxaca, faltando poco para que dentro de la Plaza Ceremonial de Monte Alban, a un costado del Edificio J o del juego de Pelota se instalen también puestos de sombreros chinos, expendios de tacos de carne de perro o vendimias de piratería y cosas robadas. Y así, si bien a Oaxaca pueden llegar un millón de visitantes o más, y seguirán viniendo porque el turismo es un negocio en crecimiento mundial, especialmente de chinos ricos, lo cierto es que es poco probable que el turismo que viene a Oaxaca por primera vez alucinando por la publicidad esperando encontrar una ciudad limpia, ordenada y civilizada, no regrese, como si volverían a Puebla, Aguascalientes o Querétaro, sin volver a mencionar ciudades europeas, porque todo el Centro Histórico de Oaxaca y pronto Monte Alban, es un grotesco mercado que ahuyenta al turista que busca limpieza y orden y que nunca regresará, porque no se vuelve a lugares caóticos.

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