Carlos R. Aguilar Jiménez

Luego que estados como Querétaro, Hidalgo, Estado de México, Veracruz y Oaxaca en algunas zonas estuvieran bajo el agua y en perspectiva de alerta por inundaciones, deslaves o derrumbes debido a las intensas lluvias en el centro y sur del país, estas están a punto de terminar debido al inicio del otoño luego que el Sol alcanzó en su aparente trayectoria su ubicación exacta en el ecuador rumbo al sur del planeta, por lo que al presentarse los primeros frentes fríos y comenzar la primavera en el hemisferio austral, lo que sigue ahora para México y Oaxaca son temperaturas frescas, el llamado frio de Muertos y algunas lluvias aisladas y leves.

Ocurrieron, desde principios de mayo, lluvias intensas y torrenciales que, luego del periodo canicular, regresaron con gran intensidad y violencia inundando La Costa, el Istmo y las zonas bajas de la capital, llenándose al tope todas las presas, recargándose al máximo mantos freáticos e incluso desbordándose arroyos y escorrentías que en su cauce natural se llevaron casi toda el agua de regreso al mar, como es natural en función del ciclo hidrológico y las condiciones estacionales que, entre agosto y septiembre debido a la posición meridional del sol respecto de nuestra latitud, implican por efecto de la formación de huracanes en la misma zona, lluvias intensas y persistentes que descargan miles de kilómetros cúbicos de agua que, al margen de desastres que causan en caminos o viviendas, lo cierto es que los beneficios son inmensos, principalmente por la recarga de represas para riego y uso en hidroeléctricas que después proporcionaran agua para consumo en ciudades aunque en la ciudad de Oaxaca nunca alcance, dado que desde finales del siglo pasado no se han construido más represas, y la población y sus necesidades, han crecido y cada año es insuficiente porque más del 50 por ciento del agua que no es retenida se desperdicia regresando al mar, alcanzando la que se contiene apenas ara satisfacer las necesidades de los siete meses de sequía dejando desde marzo a la población sin agua, porque como sociedad y gobierno no ha habido el compromiso o corresponsabilidad de satisfacer la demanda de líquido vital para la población y desde hace décadas no se han construido embalses, represas, diques o cisternas donde almacenar la abundancia extrema de agua de agosto y septiembre, porque a partir de octubre terminan las lluvias y comenzaran los siete meses de sequía que exigirán agua para todo el valle de Oaxaca y que no alcanzará como sucede todos los años en función del ciclo hidrológico y del ciclo de indolencia del gobierno que con pozos por todo el valle pretende solucionar la falta de agua sin que en ningún momento el actual gobierno haya, por lo menos, considerado el proyecto de sexenios anteriores para construir una presa que almacene toda el agua que actualmente regresa al mar, principalmente porque ningún gobernador luego de su sexenio se queda, todos huyen de Oaxaca para que no se les pueda reclamar en las calles o en cualquier lugar de la ciudad su torpeza, corrupción y engaños a quienes votaron por ellos. Ningún exgobernador vive en Oaxaca, todos se van a donde haya agua de sobra y disfruten su vida de lujo y opulencia obscena.