Carlos R. Aguilar Jiménez

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alza la voz por los migrantes. La oficina del más alto comisionado, llama al gobierno mexicano para preservar la unidad de las familias centroamericanas, exhortando al gobierno a asegurar la no repatriación de los hondureños que enfrentan riesgos de persecución en su país, además pidiendo que se les brinde acceso a procedimiento de asilo, reiterando su compromiso en apoyar a las autoridades mexicanas a cumplir esas tareas, obviamente, siempre y cuando los migrantes no acampen o deambulen sin ocupación frente a las residencias de funcionarios de la ONU o mansiones de diplomáticos, porque una situación es pedir o exigir se trate con respeto y dignidad a migrantes, y otra, es que entren libremente a México, pero nunca cerca de los fraccionamientos residenciales y exclusivos de embajadores y autoridades migratorias.

Cualesquiera que sean las causas que obligan a centroamericanos a huir de su país, lo cierto es que no es responsabilidad ni culpa de México, como no es culpa de lo que pasa en nuestro país de Bélgica o Australia, así que si los políticos de la ONU están por los migrantes, entonces que prediquen con el ejemplo y faciliten vayan al territorio y edificio independiente y soberano de la ONU en Nueva York, suministrando alojamiento en las oficinas de embajadores, cónsules, secretarios de relaciones exteriores y personal que ahí trabaja, incluidas áreas verdes, explanadas y estacionamientos de la sede de la ONU, acción política que sería ejemplo de predicar con hechos no palabras, pero no, no es así y la ONU quiere que los migrantes ingresen a México pero lejos, muy lejos de donde viven o trabajan funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas, UNESCO, OMS o el mismo Palacio Nacional de cdmx, permitiendo que miles de indocumentados en total anonimato y sin nada que perder deambulen por el país sujetos a la tentación de apropiarse de lo ajeno o lo que sea, porque una vez se siente hambre, hambre, no apetito, se es capaz de cualquier cosa, no obstante escrúpulos o educación, y no porque los migrantes sean malas personas, sino porque al dejar su país no tienen nada que perder y, sintiendo hambre o cualquier otra necesidad extrema, lo de menos es cometer cualquier atropello o delito sabiendo que un día después se habrán ido, y en México la impunidad es del 97 por ciento, así que con excepción de quienes las circunstancias les puedan ser favorables, la inmensa mayoría ingresa ilegalmente a México, incluso con caravanas en violencia, agrediendo a la Guardia Nacional y a quien sea, aunque dicen vienen en son de paz y únicamente quieren cruzar el territorio mexicano para llegar a EU, lo cierto es quienes los defienden les deberían dar posada, alimentos, ropa y facilidades para que acampen o vivan en el lujoso edificio de la ONU, predicando con el ejemplo.