Jesús Romero

Son cuatro años ya los que han transcurrido en nuestro país bajo el mando y dirección presidencial de Andrés Manuel López Obrador, y su proyecto de transformación ha marcado una nueva etapa en la vida pública de México, su plan contempla una serie de cambios estructurales que  han tenido como principal objetivo desterrar por completo la corrupción en todos los niveles de gobierno, apoyar a los  más pobres, recuperar nuestra soberanía eléctrica e independencia energética, además agregaría entre sus prioridades, la de combatir  el analfabetismo político que los regímenes neoliberales del PRIAN potenciaron para tener un pueblo acrítico y desinformado de las decisiones del poder para perpetuarse eternamente.

Hoy el país avanza, la sociedad también, el Presidente ha llamado a la participación efectiva de los ciudadanos y ciudadanas, pero sobre todo ha logrado que millones de mexicanos y mexicanas se interesen por la cosa pública. Son cuatro años avanzando, hoy tenemos un pueblo que respalda a su gobernante, que valida los visibles cambios y los palpa con optimismo, desde el campesino más humilde hasta el empresario acaudalado pero sensato y humano, lo han entendido. Se acabaron los privilegios para unos cuantos, ahora es el tiempo de los muchos, de la mayoría, de los olvidados, de los excluidos que por décadas habían sido marginados.

Oaxaca es ejemplo de ello, se han construido los caminos que han unido a nuestras comunidades rurales con cientos de kilómetros hechos con mano de obra de las localidades, se acercan las regiones del Istmo y la Costa a la capital con los avances sustanciales en las autopistas que durante tres sexenios fueron abandonadas, se otorgan miles de becas a estudiantes de todos los niveles educativos, se hace justicia a nuestros adultos mayores con sus pensiones; los resultados saltan a la vista, tanto que el 81% de la población oaxaqueña, según encuestas serias, avala al actual gobierno federal. Puedo decir con ello que sólo los que no aman a México y a Oaxaca opinan lo contrario, sólo los que desean volver a los privilegios del poder y quieren que les vaya bien a costa de las mayorías pueden ignorar y criticar los grandes avances.

Y falta aún lo mejor, dos años más donde veremos el fortalecimiento de la transformación con la primavera oaxaqueña que encabezará Salomón Jara a partir del primero de diciembre, para generar una sinergia que multiplique los cambios en beneficio de nuestras comunidades indígenas, las colonias populares, los maestros, los campesinos, los adultos mayores, las mujeres y toda nuestra sociedad.

Sin duda alguna, ¡La esperanza florece!