Carlos R. Aguilar Jiménez

Si consideramos formalmente el perfil académico, nivel cultural y especialmente los  conocimientos científicos y erudición que tienen los diputados de esta y anteriores legislaturas, encontramos que son justo lo que se puede esperar: personas elementales, individuos comunes y corrientes con poder temporal que suponen les da autoridad para opinar, legislar, apoyar o prohibir lo que se les ocurra para quedar bien con políticos de mayor poder o con quien buscan impresionar para poder escalar en la política a puestos donde haya más dinero, porque es un hecho que no les importa la gente, sus necesidades o salud, porque están únicamente interesados en convertirse en pudientes y quedar bien con el presidente respecto que la culpa de muertos por covid son las Sabritas o churrumais, decidiendo prohibir la venta a niños los productos alimenticios que llaman chatarra.

Según los diputados que ignoran lo relacionado con nutrición (disciplina científica que manejan profesionalmente nutriólogos y médicos) la culpa de obesidad, diabetes, hipertensión y lo que sea padezca la población, son los alimentos procesados en empaques fabricados por empresas transnacionales, neoliberales, soslayando que impacta más en lo que acusan, la gastronomía oaxaqueña pringosa, de la que casi todo lo que comemos está altamente condimentado y engrasado, desde las deliciosas fritangas aceitosas hasta las clayudas embarradas de sebo o memelas impregnadas de manteca, sabrosos antojitos que tienen más lubricante que la chatarra, por lo que realmente es la comida oaxaqueña por su forma de prepararse la que engorda y ceba a los niños, además de la falta de ejercicio, que ya no es práctica común en niños, enfrascados en realidad virtual y juegos digitales de dispositivos electrónicos que los alejan de todo deporte, juego o pasatiempo que implique esfuerzo, ejercicio y agotamiento físico, sin que los pedestres diputados hayan considerado también que su ley chatarra hará quebrar o perder ingresos a muchas tiendas y misceláneas que soportan sus ventas con “sabripobres”, doritos, chetos, gansitos, pingüinos y todas las golosinas que nos encantan, siendo así que la transformación es empobrecimientos, mediocridad disfrazada de austeridad y manejo de “otros datos”, los  que convengan a políticos y gobernantes dedicados a culpar al pasado de lo que no pueden cumplir o lo que sea sirva para eludir la responsabilidad que se supone tienen en el cargo que ostentan fugazmente, porque según la frase: ‘Memento Mori‘ (“Recuerda que morirás”)  derivada del tiempo en que políticos victoriosos desfilaban por las calles, un sirviente les recordaba la limitaciones humanas, a fin de que no incurriesen en la soberbia y pretendiesen usar su poder arbitrariamente argumentando lo que hacían era voluntad del pueblo o en beneficio de los ciudadanos, cuando en realidad lo que les interesaba era encumbrarse a si mismos y enriquecer a los suyos, como demuestra la historia de la humanidad y civilización, desde Roma hasta México.