Moisés Molina

EL GOBERNADOR Y EL PRESIDENTE

Oaxaca es como una hoja de papel arrugado.

El asiento de nuestra gran riqueza natural y cultural es también el principal obstáculo para nuestra conectividad.

Y es que en Oaxaca, ya lo he dicho, el preciso partir los cerros para abrir caminos.

Es así que, en el mismo sentido, hay que partir nuestros cerros para, comunicar una comunidad con otra, para que más niñas y niños tengan acceso a más y mejor educación y para que la distancia entre la vida y la muerte se mida en cada vez menos kilómetros.

Las vías de comunicación son imprescindibles para el desarrollo y la prosperidad material tan anhelados. En Oaxaca hacer caminos y carreteras es una proeza, un desafío a la ingeniería misma.

Y si hablamos de autopistas, estamos refiriendo casi milagros.

Muchas cosas tenían que coincidir para que las tan ansiadas autopistas al istmo y a la costa comenzaran a cobrar visos de realidad y pasaran de la demagogia o la mala fortuna a los hechos.

Pero lo más importante ha sido una simple cuestión de voluntad. Si el Presidente de la República en turno tiene la voluntad de invertir el multimillonario presupuesto de la federación en acciones concretas como las autopistas las cosas suceden.

Y si el gobernador en turno tiene la voluntad de reciprocidad administrativa y política con el Presidente en turno, las cosas suceden más rápido y más fácil.

Tal vez en otros estados puedan darse el lujo de pelear con el Presidente y todo lo que él representa. En Oaxaca, no.

Y por fortuna tenemos un gobernador no solo preparado, sino inteligente, de talante conciliador y con los pies puestos en la tierra, en nuestra tierra.

La empatía con el Presidente López Obrador es notoria, no se puede ocultar. Además es evidentemente recíproca.

Me atrevo a decir que el Presidente prefiere estar en Oaxaca que en cualquier otra parte del país. Oaxaca es su remanso, su espacio aparte. Es parte de nuestra magia y parte de nuestro encanto.

Hay quienes están interesados en consecuentar las dudas de otros sexenios sobre la construcción de las supercarreteras al istmo y a la costa. Pero la razón de los hechos se impone.

El gobernador Murat está no solo pendiente, sino presente en los trabajos de construcción, supervisando avances y conjurando retrasos.

Esta misma semana estuvo en San Pablo Coatlán, municipio que gobierna mi amigo Abraham López Martínez, dando el banderazo de inicio del tramo dos de la super carretera Barranca Larga Ventanilla.

Antes era lugar común preferir que las cosas se hicieran “lento pero seguro”. Hoy las cosas son ágiles y seguras. No bien se fue el Presidente y el gobernador ya estaba tras los encargados de la obra. No los deja que se enfríen.

Así es el gobernador, dicho en sus propias palabras: “ejecutivo”. Se formó toda su vida para ser gobernador, titular del Poder Ejecutivo, para ejecutar, para que las cosas se hagan, pues.

Muchos pensamos solamente en el beneficio asociado con el tiempo de viaje de la capital a la costa que se reducirá de 6.5 horas a tan solo dos y media.

Pero si pensamos también en toda la gente que se beneficiará con empleos directos e indirectos, y según la obra vaya avanzando y después de su conclusión, con la posibilidad de tener una escuela, un hospital, una clínica, un mercado, una ciudad más cercanos, no podemos menos que sentirnos optimistas y contentos.

La autopista al istmo es otra historia igual de esperanzadora de la que hablaremos luego.

@MoisesMolina