Carlos R. Aguilar Jiménez

Como determina la Constitución y tradición nacional, cada año los presidentes de la República deben informar a los mexicanos lo que hayan hecho o realizado durante el año de gobierno anterior al 1 de septiembre y, en el caso del actual presidente, lo realizado de 2021 a 2022 en el contexto de los tres años anteriores y en correlación a las promesas que durante su campaña política de 15 años por la presidencia, lo llevaron a ganar las elecciones, aprovechando el resentimiento social de la mayoría de la población de escasos recursos, que son millones y, esperanzados en las promesas del entonces candidato, votaron por él, ilusionados en que cumpliría lo prometido.

Han transcurrido cuatro años de gobierno y respecto de su promesa: “Que si Morena estuviera gobernando, la gasolina costaría diez pesos el litro”, cualquiera sabe vale 20 pesos la magna y 22 premium, debiendo desembolsar el doble por llenar el tanque y pagar, en consecuencia, incrementos en costo de transporte que forzadamente deben cobrar transportistas. Prometió también que: “Primero los pobres”, que se interesaría durante su gobierno por abatir la pobreza, resultando que cuatro años después, según datos estadísticos – matemáticos del INEGI, hay cuatro millones de mexicanos más en pobreza extrema. En función de la economía, dijo crecería cuatro por ciento, y lo cierto es que más allá de sus datos o contingencias internacionales, para los mexicanos, la actual inflación es angustiosa debiendo pagar precios prohibitivos por productos de la canasta básica, artículos escolares y cualquier cosa que se compre, porque todo está carísimo.

La impunidad e inseguridad, principalmente para quienes viven en el centro y norte de México, es similar a la de los países más peligrosos del mundo, derivada de la ideología de abrazar a delincuentes, circunstancias nefastas que podrían soslayarse si se pretende ser indiferente, se tienen suficientes recursos económicos o se vive lejos de lugares donde gobierna el crimen organizado, sin embargo, si se trata de la salud, es absolutamente inaceptable la pérdida institucional del Seguro Popular, el desabasto de medicamentos y cancelación de servicios médicos a niños y adultos con cáncer. El presidente afirmó: “Tendríamos un sistema nacional de salud similar al de Dinamarca o Canadá”, resultando cuatro años después que los enfermos sin recursos económicos que antes se beneficiaban del Seguro Popular, ahora se atienden con el Dr. Simi, incumpliendo también su promesa al decir que: “No van a faltar… me dejo de llamar Andrés Manuel si faltan los medicamentos”, y así es, no hay medicamentos y se sigue llamando igual, pero si hubo casi un millón de muertos por COVID, de los que al menos la mitad podrían haber sobrevivido por creer que los escapularios y moral los protegerían; también hay tren en medio de la selva, central avionera, cientos de periodistas asesinados, miles de feminicidios, oposición a anergias limpias y militarización de funciones civiles, porque de todo tienen la culpa españoles, estadounidenses, franceses, el capitalismo, neoliberales, científicos y especialmente periodistas y columnistas, que nunca dicen la verdad. Verdad, credo y dogma que sí será el informe.