El día que no existe

Carlos R. Aguilar Jiménez

Hace un par de días en el cielo ocurrió el Solsticio de Verano, al alcanzar el Sol en su desplazamiento estacional anual, su límite al norte: el Trópico de Cáncer, línea del cielo que no rebasa y donde se estabiliza y detiene; de ahí deriva el nombre de solsticio: Sol Estable, siendo en la Tierra y mundo occidental ocasión de celebración y ceremonias por ocurrir también el día más extenso del año, de máxima luminosidad y calor, al mismo tiempo que la noche más corta y disminución de la oscuridad y tinieblas, lo que tiene implicaciones místicas y ceremoniales que derivan de la Antigüedad cuando creían el Sol era Dios; ‘el Padre Nuestro que está en el Cielo’, el que nos da luz, calor y vida.

Hoy sabemos que el Sol no es Dios, atribuyéndole sus propiedades: luz, calor y vida, a otros seres sobrenaturales, incluido el cristiano, entendiendo además que es una estrella como hay 200 mil millones en nuestra galaxia y comprendiendo su funcionamiento, además de otros detalles de la mecánica celeste incluidos sus movimientos como el perihelio, afelio, equinoccios y otro más, que equivale al día que no existe, la fecha que no significa nada para la mayoría de habitantes tropicales, incluidos los oaxaqueños que ignoran la existencia del día ascio, día sin sombra, día sagrado en que el Dios Sol llega a bendecirnos, iluminarnos y anunciar vienen las lluvias, evento consagrado en Monte Alban, donde los sacerdotes desalinearon de la simetría de la Plaza Ceremonial respecto del Observatorio, para destacar este día santificado, que para Oaxaca no existe, no obstante sea el día que más importancia cósmica, solar, estacional e histórica tiene. Durante los equinoccios los místicos acuden a zonas arqueológicas, incluido Monte Alban, a dizque cargarse de energía vestidos de blanco (debieran vestirse de negro; el negro absorbe, lo blanco refleja) y debieran hacerlo el 8 de mayo, el día que no existe, porque es ese día, no en equinoccios ni solsticios, cuando el Sol en el meridiano de Oaxaca irradia energía directamente, pero no lo hacen porque ese día no existe, como si existe el solsticio de invierno, fecha astronómica que para los pueblos antiguos era también importante porque el Sol – Dios que se alejaba y sumergía a pueblos nórdicos en oscuridad y frio, se detenía, estabilizaba y comenzaba su regreso al norte, anunciando la primavera y calor y que hoy celebramos como la Navidad, como debiera suceder con el día que no existe: el Día Ascio, sin sombra, ocasión de bendición solar divina para el pueblo zapoteco prehispánico y también aviso celestial, no de la primavera, luz y calor, que de eso tenemos bastante, sino de la estación de lluvias, y, el agua es vida, es el líquido vital, igual que el Sol.

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