Conservadores y sátrapas

Carlos R. Aguilar Jiménez

De nuestra idiosincrasia como oaxaqueños en general, no hay duda que somos conservadores y reaccionarios a todo lo que significa desarrollo, progreso o innovación, porque nos hemos educado en una sociedad que se resiste al cambio y opone a todo progreso diciendo a todo NO, tratando de vivir al estilo del siglo XIX o XX, pero no como el XXI.

Y si bien se han hecho actividades y obras a la que se opusieron muchos, afortunadamente existe el Andador Turístico (hoy grotesco mercado), la velaria del auditorio Guelaguetza, cuatro carriles del Fortín, Chedraui, viaducto de 5 Señores y otras obras que a todos en general han beneficiado, incluso a los que se opusieron y utilizan alegremente viviendo en su mundo de tradiciones ancestrales, costumbres arcaicas y hábitos obsoletos.

Con unos ejemplos podemos demostrar que los oaxaqueños somos conservadores, pero no lo son los demás estados del país donde diario cambian y modernizan sus ciudades. No obstante y más allá de la idiosincrasia de cada quien, lo cierto es que para el gobierno actual y su partido político, todos los que no piensen como ellos y cuestionen sus acciones o proceder son conservadores, reaccionarios y no únicamente eso, sino sátrapas, lurios o retrasados, como señaló en la máxima tribuna del Senado, una senadora de Morena, quien además calificó de estúpido al gobierno de Vicente Fox y borrachín al expresidente Calderón, en la línea de calificación como conservadores a todos los que disientan de su ideología, especialmente a la prensa, que lo único que hace es reportear situaciones, describir lo que sucede, relatar lo que dicen los políticos, sin juicios de valor ni quejas o gimoteo, con excepción de columnistas o articulistas, quienes se expresan amparados en la ley de libertad de expresión, que si no coincide con los morenos es reaccionaria, conservadora, neoliberal, derechista y opuesta a los altos intereses de quien va a salvar al país de la corrupción, convirtiéndolo en nación progresista, industrializada con altos niveles de tecnología que harán construyamos aceleradores de partículas, enviemos naves espaciales tripuladas por mexicanos a Marte, superemos en seis años en educación a Finlandia, en ciencia a Alemania, en civilidad a Holanda y en economía y derechos humanos a Suiza, entre otros logros que tendrá México antes del 2024. Por supuesto, en el centro y norte del país, porque en Oaxaca nos encargaremos como conservadores a ultranza que no se construya nada, ni las autopistas a la Costa e Istmo y, menos que se rescate lo poco o nada que queda del ferrocarril a México, que podría ser una gran obra que ya tuvimos, y por indolentes perdimos, pero que vendría muy bien si se reconstruyen las vías y el tren y con una máquina de vapor decimonónica nos incorporamos al progreso industrial, moral, económico y científico que tendremos los próximos seis años y así nadie se opondría porque sería un ferrocarril antiguo, pero sería un medio de transporte conservador, adecuado a la idiosincrasia oaxaqueña en general y particular, opuesta al neoliberalismo y progreso.

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