Carlos R. Aguilar Jiménez

Semejantes a los asaltantes de cualquier región del mundo en la que no existe autoridad que se respete (como en Oaxaca), en los últimos días en diferentes calles de la ciudad –principalmente la primera de Tinoco y Palacios, Calzada Madero, Periférico o Avenida Símbolos Patrios–, agazapados y escondidos a la espera de víctimas por asaltar, pelotones fuertemente armados de policías viales, equipados con patrullas y equipo de asalto,  despojan de sus documentos o vehículos a humildes motociclistas y automovilistas con vehículos usados o viejos, sin oportunidad de defenderse ante la cruel conducta y brutal agresividad de los policías viales municipales, argumentando cualquier infracción al reglamento, mientras a un lado circulan humeantes, contaminantes y destartalados autobuses de pasajeros y bestiales taxistas que circulan con total impunidad e ilegalidad.

Si existe un gremio oficial que sea despreciado por la sociedad en general, son los policías viales, individuos cuyo comportamiento es propio y característico de delincuentes o del crimen organizado, porque es suficiente con que se organicen y reúnan 10 para que apostados en alguna calle, de la misma forma que los salteadores, se dediquen a extorsionar, robar y despojar, amparados en el despotismo de su jefe, director de Policía Vial municipal de Oaxaca o SEMOVI, institución de gobierno creada para obtener dinero por medio del abuso; porque si bien es cierto el reglamento exige que motociclistas y automovilistas porten casco de seguridad y cumplan con los requisitos viales, también es cierto e incongruente que la ley de vialidad se aplica parcial e injustamente, porque es suficiente con ver taxis de pueblo transportando seis pasajeros cuando lo máximo permitido son cinco o ubicarse cerca o dentro de un autobús Tusug o Sertexa para apreciar los elevados niveles de contaminación de sus escapes, la suciedad y mugre de su interior y la bestialidad, (directamente proporcional al tamaño de su autobús) del conductor, así como la agresividad y brutalidad de taxistas, que como son gremio que pone de rodillas a la directora de SEMOVI y pueden humillar a cualquier autoridad, se les deja operar en total ilegalidad, mientras que a los desamparados motociclistas o automovilistas pobres los extorsionan y roban, porque es un hecho que asaltan vochitos, chevys, tsurus, pero jamás se atreven con vehículos BMW, Audi o Mercedes, y también es cierto que si los motociclistas o automovilistas privados se organizaran y bloquearan la ciudad, de inmediato se pondría de rodillas la directora de SEMOVI y el jefe de policía vial municipal, acatando lo que dijeran los líderes de la resistencia contra asaltos viales, en esa dinámica en que el gobierno abusa de desamparados y pobres que no les alcanza para pagar engomados, alfabetización, placas, tenencia, seguros y todo lo que despóticamente exige el gobierno estatal y municipal para llenar sus arcas y los bolsillos de los policías viales, dispuestos siempre a aceptar sobornos y cohechos tal y como determina el perfil psicológico corrupto y delincuencial de los policías viales y su nivel border en IQ.