Carlos R. Aguilar Jiménez

Abandonan la escuela alrededor de 9 millones de alumnos que por la pandemia, al cancelarse la enseñanza presencial y por pobreza mediana o extrema no pudieron seguir participando de la complicada posibilidad de continuar sus estudios por internet, como si lo pueden hacer alumnos que con recursos económicos tienen computadora, tableta, teléfono inteligente e internet por fibra óptica, obligándose quienes abandonan la escuela a trabajar o no poder hacer algo útil debido a la pérdida de empleos y oportunidades, incrementándose la desigualdad social.

Abandonaron la escuela como consecuencia directa y se sabe según encuestas, por las nefastas circunstancias derivadas de la pandemia, porque en pobreza, lamentablemente ya vivían, y si para mal sus carencias se incrementaron, lo cierto es que de una forma u otra de cualquier manera abandonarían la escuela dado que los promedios de abandono escolar establecen que la mayoría de estudiantes no superan la secundaria o preparatoria, aprendiendo lo mínimo para sobrevivir con su reducida capacidad de leer, escribir, realizar aritmética básica y mínima comprensión de textos, conocimientos elementales que si no llegan a obtener una licenciatura, por lo menos les sirven para conseguir trabajo aunque poco remunerado, porque la instrucción que imparte en escuelas públicas, especialmente en Oaxaca bajo el yugo de la Secta 22, es insuficiente, de baja calidad y ajena a los procesos mentales de innovación, creatividad, ingenio, iniciativa, crítica y capacidad de refutación, condiciones de abstracción mental, inducción y deducción indispensables para animarse a continuar estudios hasta graduarse o emprender negocios, establecer talleres, empresas o comercios, porque en la vida para ser exitoso no es condición única obtener grados académicos, se triunfa también en negocios y oficios, no obstante, si en la escuela desde el nivel básico no se promueve la autoestima, confianza en sí mismo e imparten los conocimientos suficientes para aprender y emprender, los estudiantes que abandonan la escuela por pobreza o causas imputables a la pandemia, se encontraran indefensos, incompetentes y limitados, teniendo que conformarse con los empleos más difíciles y de bajo sueldo en la construcción, manejando mototaxis o taxis de pueblo, cargando, empujando o arrastrando y lo que encuentren, por salarios que seguirán manteniéndolos en la pobreza a ellos y sus hijos, porque la instrucción que se recibe a nivel básico no los prepara para tener los rudimentos o manuales de un oficio con el que puedan iniciar un negocio o empresa y como herreros, plomeros, carpinteros, electricistas, cocineros o mecánicos puedan triunfar sin depender de nadie, únicamente condicionados por su destreza y talento, pero no sucede así porque lo poco que aprenden en la escuela, antes de abandonarla, solo sirve para leer, escribir y hacer cuentas elementales.