45 días y contando

Carlos R. Aguilar Jiménez

Como gatos por su casa, porque los gatos con toda su arrogancia y desplante son dueños de la casa o territorio donde viven, así los migrantes centroamericanos, cubanos, africanos, chinos y de otras nacionalidades que pretenden llegar ilegalmente a Estados Unidos, también ilegalmente y hasta con violencia, se internan en México con toda la complacencia del gobierno, argumentando que tienen derechos humanos que se deben respetar, y si bien es correcto se respeten, también es correcto y legal establecer normas y leyes migratorias, desde el acta de nacimiento, pasaporte y visa para poder viajar con permiso internacional y reglamentariamente a cualquier país.

Con el pretexto de la protección parcial que ofrece la gente encargada de Derechos In-Humanos, cualquiera con total impunidad puede delinquir, y así el crimen organizado, rateros de poca monta u organizaciones de resentidos sociales y migrantes, hacen lo que quieren en México, porque si algún policía o agente migratorio se atreve a someterlos, será sancionado, encarcelado y despedido de su trabajo, mientras alegremente los migrantes y delincuentes se burlan de autoridades y de la gente honesta, siendo esta una de las causas que facilitan a migrantes ilegales pasar por Chiapas, Oaxaca y sin problema, incluso con ayuda oficial, seguir rumbo a EU, donde encontraran un muro y patrulla fronteriza que no los dejara cruzar la frontera aplicándoles la ley, leyes que no aplican en México, en principio porque los migrantes no van a acampar junto a la casa de AMLO, del gobernador de Oaxaca y Chiapas o alrededor de mansiones de funcionarios o en colonias de pudientes, sino en lugares distantes de zonas residenciales y exclusivas, así que los problemas de delincuencia deben sufrirlos quienes no viven del erario, porque todo migrante, aunque sea buena persona, con hambre, puede robar, secuestrar, matar o lo que sea, porque atravesar todo México requiere semanas y el hambre requiere horas para llevar a la desesperación.

Finalmente se hizo lo que se tenía que hacer, frenar la invasión masiva de migrantes a México en transito a EU, pero fue necesario que Trump pusiera de rodillas al gobierno mexicano y, como cualquier empleado, el canciller fue a ganar tiempo. 45 días, para demostrar que lo que dijo el presidente era populismo, porque no pudo cumplir lo que prometió, y ahora deberá gastar miles de dólares en la guardia nacional y policía migratoria para cumplir órdenes de Trump y detener el flujo migratorio ilegal de buenos para nada, quizá para lavar platos o barrer, porque no es un flujo migratorio como el de españoles que huían de Franco o intelectuales y científicos que huían de los nazis, sino de gente elemental que, con necesidad y hambre puede llegar a cometer delitos en impunidad porque nunca serán identificados y, si así fuera, migran a otro país, porque no tienen nada que perder.

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