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Joan Martínez
Oaxaca, Oax.- La tarde cayó lentamente sobre el Cerro del Fortín y, con ella, comenzó a vivirse una vez más la magia de la Guelaguetza, la máxima fiesta de las y los oaxaqueños. Desde muy temprano, miles de personas ocuparon sus lugares en el Auditorio Guelaguetza, pero fue al acercarse las cinco de la tarde cuando la emoción se volvió palpable. En los rostros de los asistentes se reflejaban la alegría, el orgullo y la profunda admiración por una celebración que representa el alma viva de Oaxaca, durante la edición vespertina de los Lunes del Cerro.
Más de 11 mil personas vibraron al ritmo de cada son, chilena, jarabe y danza presentada por las delegaciones provenientes de las ocho regiones del estado y del pueblo afromexicano. Entre aplausos, sonrisas y miradas emocionadas, el público fue testigo de un espectáculo en el que la tradición, la identidad y la hermandad estuvieron presentes en cada presentación.

Puntualmente hizo su aparición la Diosa Centéotl 2026, Enid Azucena Torres Agustiniano, originaria de Santiago Pinotepa Nacional, en la región Costa, quien dio la bienvenida a visitantes nacionales e internacionales. Su presencia tuvo un significado especial al representar no solo la riqueza cultural de Oaxaca, sino también la voz y la memoria del pueblo afromexicano, una comunidad que durante siglos ha contribuido a la construcción de la identidad oaxaqueña a través de sus tradiciones, música, danza, gastronomía y profundo sentido de comunidad.
La presencia del pueblo afromexicano en la Guelaguetza recordó que Oaxaca es un mosaico cultural único, donde convergen pueblos originarios, comunidades mestizas y afromexicanas que, con el paso del tiempo, han enriquecido la historia y la diversidad del estado.

El gobernador Salomón Jara Cruz encabezó esta segunda presentación de la Guelaguetza, una celebración que año con año reafirma el valor de las raíces oaxaqueñas y la riqueza de una tierra diversa. Más allá del espectáculo, la fiesta recordó el verdadero significado de la palabra Guelaguetza: el don de compartir, la ayuda mutua y la solidaridad que han distinguido a los pueblos de Oaxaca a lo largo de generaciones.
Fue una tarde llena de color, música y tradición, en la que las 14 delegaciones participantes llenaron de vida la Rotonda de las Azucenas al compartir su Guelaguetza. La emoción se apoderó del auditorio, donde familias enteras, visitantes nacionales y extranjeros, así como oaxaqueñas y oaxaqueños, vivieron momentos que quedarán grabados en la memoria colectiva. Hubo lágrimas de emoción y prolongados aplausos que parecían agradecer a cada delegación el esfuerzo por mantener viva la herencia de sus antepasados.
En esta edición vespertina participaron las delegaciones de San Pedro Amuzgos, Teotitlán de Flores Magón, Ejutla de Crespo, San Juan Copala, Huajuapan de León, Santo Domingo Tehuantepec, Sola de Vega, Santa María Huatulco, Tamazulápam del Espíritu Santo, Santiago Juxtlahuaca, Santa Catarina Juquila, San Bartolo Coyotepec, San Juan Bautista Tuxtepec y las Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores.

La Guelaguetza volvió a demostrar que no es solamente una fiesta, sino el encuentro de los pueblos, el orgullo de una herencia ancestral y la expresión viva de una cultura que continúa conquistando corazones dentro y fuera de México. Una vez más, Oaxaca confirmó por qué su máxima celebración es una de las manifestaciones culturales más importantes del país y del mundo: un espacio donde florecen las tradiciones, se fortalece la identidad y el sentimiento de pertenencia une a miles de personas en torno a la riqueza cultural del estado.
