El diminutivo en México forma parte de un lenguaje que se siente propio pues refleja lo que es importante para su sociedad

Este fenómeno lingüístico debe preservarse para mantener la riqueza y raíces de su existencia

Ciudad de México.- Con motivo de los festejos por el día del niño, el equipo de lingüistas en Babbel, la plataforma de aprendizaje de idiomas enfocada en conversaciones cotidianas, se dieron a la tarea de revisar el uso de los diminutivos en el idioma español que se habla en México, rendir tributo a estos términos y hacer un llamado a preservar este fenómeno de la lengua.

México tiene un uso del español muy peculiar. Más de un extranjero se asombra sobre la variedad de palabras y significados que pueden tener diferentes palabras o expresiones, sin embargo, el uso del lenguaje cargado de diminutivos -es decir, de nombrar algo con su versión más pequeña o “de cariño”, añadiendo las terminaciones más frecuentemente usadas como “ito”, “ita” o a veces “illo”, “ino”, “uco” e “ico” – sin duda asombra hasta a nuestros vecinos en Latinoamérica.

Para lograr el entendimiento mutuo de las personas a través del lenguaje y saber de dónde viene esta forma de expresarnos, los lingüistas de Babbel te cuentan 4 datos curiosos de los diminutivos:

Denotan cercanía comunicativa y mayor confianza en la conversación

Según investigaciones de la UNAM, el uso tan cotidiano de los diminutivos permite una disminución física real cuando algo hace referencia a niños o “peques”, pero también resulta en la disminución o eliminación de la distancia comunicativa, lo que nos hace expresar mayor afecto y tono de confianza, denotando amabilidad y cariño casi infantil.

Una necesidad en la Nueva España

Algunos estudiosos señalan que el uso de tantos diminutivos puede ser un vicio proveniente de la dominación española durante la Colonia. Pero estas teorías pueden no ser ciertas, ya que muchas expresiones del español mexicano no reflejan sometimiento o timidez frente a quien se habla.

Herencia del náhuatl

La idea más aterrizada es que el uso de tantos diminutivos, provienen realmente de la herencia del idioma náhuatl, azteca o mexica, que es rico en diminutivos, pues los hay de diversas clases y con diferentes significados, según el sufijo secundario con el cual se sustituye el primario o formativo del vocablo en la palabra. De esa primera raíz, se forman muchas derivadas sin que se pierda el significado de la misma. Indiscutiblemente, durante la Colonia, el uso de estas formas diminutivas se acrecentó para que indígenas y españoles pudieran comunicarse y posiblemente es una de las muestras más claras de esa integración de nuestras raíces.

Por ejemplo, tenemos para la palabra conejo y su diminutivo: conejito, gazapo o incluso conejillo; y en náhuatl, con el uso diferentes vocablos o matices de significación como: etl, tepito, zatl, tzin, tzintli, ton, tontli, podríamos decir entonces tochtli (conejo) y su diminutivo más genérico: tochconetl (conejito).

Amor por los diminutivos a un nivel extremo

Desde cosas comunes, nombres propios y de famosos (Luisito, Amandititita), lugares o pueblos (Gonzalitos), monumentos (El Caballito), adverbios (adiosito, por favorcito), etc. Ni Dios o la Virgen se salvan del diminutivo, así como palabras o zonas semánticas que prácticamente son imposibles de disminuir como: allí méritoahicito, cachito o un segundito.

Tan grande es la tendencia y abuso de los diminutivos en el lenguaje popular mexicano que aún expresiones de origen extranjero, autorizados o no por la RAE (Real Academia de la Lengua), suelen transformarse en su forma diminutiva. Por ejemplo: Suetercito (de sweter), jolecito (de hall), jochito (de hot dog), fonito (de phone), etc.

“Entender la identidad de un idioma es clave para poder aprenderlo, es así que el aprendizaje puede ser mucho más rico en contexto y práctico para interactuar entre hablantes. Aquí, más allá de un diminutivo, vemos cómo este se vuelve en un elemento importantísimo que transmite cercanía, empatía y unión. Nos encanta exponer este tipo de conexiones entre la lengua y la sociedad”, afirmó David Marín, lingüista Senior de Babbel.