Renán Martínez Casas / Manos a la obra, comunicación comunitaria antiviral

El panorama de la pandemia del virus SARS-Cov-2 en el estado de Oaxaca es tan complejo como complejos son sus pueblos y comunidades. Si tratamos de generalizar, podemos cuando menos ver dos aspectos. Por un lado aquellos pueblos que se rigen por usos y costumbres, es decir, sistemas normativos tradicionales y, por otro, los que se rigen, políticamente, por elecciones.

En el primer caso se pueden observar comunidades mucho mejor organizadas porque la toma de decisiones en asambleas es colectiva y eso permite ponerlas en práctica también de manera colectiva. En la mayor parte de esas comunidades se toman, sin embargo, medidas muy diversas y hasta contradictorias. Hay comunidades que, por ejemplo, han restringido completamente el acceso, otras parcialmente y otras más mantienen accesos abiertos.

En cambio en poblaciones que se rigen por el sistema de partidos, se toman medidas que siguen de manera más subordinada las directrices del gobierno estatal porque presidentes y cabildos consideran que hay una línea de mando que surge del gobernador del Estado que deben respetar. Esta circunstancia se combina con el temor o cuidado, según el caso en diversos grados, de no provocar animadversión o franca rebeldía ante presidentes que buscan continuar sus carreras políticas. Pero suele suceder que en algunas de esos pueblos se encuentra un mayor desacato a las medidas dictadas por el propio Ejecutivo estatal y los cabildos o presidencias municipales. Eso no es gratuito.

Oaxaca es uno de los estados donde, sostenidamente, menos se  ha respetado la recomendación de permanecer bajo resguardo domiciliario voluntario[1]  debido a la condición económica de pobreza de la mayoría de sus habitantes, de ahí que, en gran medida, el desacato sea por razones de trabajo. El precio, sin embargo, es demasiado alto porque los comerciantes, efectivamente están vendiendo, pero están vendiendo muy poco y el riesgo es mucho. Peor aún, también en esas comunidades hay excesos. Hay, por ejemplo, infinidad de negocios que, sin dedicarse a actividades esenciales ni estar en grave riesgo económico, no deberían estar abiertos y, particularmente, muchos jóvenes y abuelitos circulan en las calles.

Estira y afloja del desacato

La tensión entre  los pobladores y las autoridades por la atención al acatamiento de las medidas de cuidado colectivo ha llegado a su máximo punto. Aunque la movilidad se redujo sustancialmente luego del endurecimiento de éstas por parte del gobierno estatal, en perspectiva, las personas que no están dispuestas a respetar las disposiciones ya no lo harán, ni las autoridades hacen más por que se cumplan. Ya le tomaron la medida a los gobernantes. En muchos casos, se han convertido en mera simulación.

Al menos 147 de los 507 municipios del estado, la mayoría con sistema normativo tradicional de gobierno, han restringido el acceso de las personas a sus comunidades para evitar la propagación de la pandemia a sus jurisdicciones, lo que representa que estas medidas, que se consideran violatorias del derecho humano de libre tránsito, se han adoptado en el 25% del territorio estatal. A nivel nacional, son 340 municipios de 5 estados los que han tomado este tipo de medidas, lo que representa el 20% del territorio nacional. Los estados con mayor número de municipios con accesos restringidos son Campeche con el 100% de sus municipios, Guerrero con el 80%, Veracruz 36 y Oaxaca con 25%. “Los estados y municipios no tienen competencia para dictarlos, informó la Secretaría de Gobernación al informar esta situación, salvo que haya una autorización expresa del Consejo de Salubridad General”.[2]

La mañana del pasado miércoles 29 taxistas de San Pablo Etla y de San Pedro y San Pablo Ayutla realizaron bloqueos en distintos puntos de la capital en protesta por las medidas sanitarias anunciadas por el Gobierno del Estado e implementadas por la Secretaría de Movilidad.[3] Esas medidas señalan que deben operar con solo dos pasajeros, reducen el horario de la mañana a 7 de la noche y les pide mantener programas de limpieza y sanitización de sus unidades. El martes anterior, también los taxistas de San Pedro Ixtlahuaca, en Valles Centrales, también protestaron cerrando los accesos a su comunidad, mientras que en Tlacolula también fue bloqueado el crucero. Lo mismo ha sucedido en otras regiones como la Mixteca.

En San Pedro Pochutla y Santa María Huatulco, en la región de la Costa, así como en algunas comunidades de la región del Istmo, se mantiene activo el programa de donación de productos del mar, capturados por pescadores en la zona de Alta Mar, para los pobladores de las colonias y barrios más necesitados. En una semana, los pescadores donaron media tonelada a 300 familias de la colonia Juárez, pero en lo que va de la emergencia han donado más de 15 toneladas de pescados y mariscos.[4]

En San Dionisio del Mar, en el Istmo, los hermanos ikoots con diabetes están conscientes que el alto tratamiento de su padecimiento puede obligarlos a vender sus electrodomésticos, su ganado y hasta sus tierras. Tan sólo un taxi para llevarlos al hospital más cercano, les cobra 400 pesos, más de lo que ganan en un año tejiendo palma. Saben que la pandemia empeora ese panorama ya que a la alta prevalencia de personas con enfermedades crónicas y la gran cantidad de adultos mayores se suma la escasez de servicios de salud. “Nosotros estamos aquí arrinconados. Si el virus nos llega, ¿qué vamos a hacer?, aquí no hay nada”, declaró uno de sus habitantes al portal de noticias Sin embargo. Aquí, la diabetes es la primera causa de muerte de sus pobladores desde hace 40 años.[5]

Acaso, el desacato a las medidas de salud social deba ser considerado hoy un delito contra la salud para que los más renuentes, tanto para hacerlas cumplir como para acatarlas, ya sea por omisión o negligencia, más que tomar conciencia, se sientan temerosos. Acaso la falta de penalización social y hasta su impunidad sean factores de confortable desafío a la vida misma.

No es previsible ver grandes novedades hasta que tengamos los contagios masivos que, de todas maneras, tendrán que suceder, debido a la lógica de esparcimiento propia del virus. Ya sucedió. Cómo si se tratara de un acto de fe, no se creía la existencia del virus o su llegada a nuestras comunidades y, en consecuencia, no se creía necesario asumir medidas personales de prevención, hasta que llegó al estado. La situación había cambiado.

Algunos, los primeros, comenzaron a cuidarse, pero tan pronto como la situación se consideró como estable y de poco riesgo, se relajaron las medidas y así continuó hasta que los enfermos comenzaron a aparecer en los propios pueblos. Esto se ha repetido una vez más. “El virus está lejos, no hay por qué cuidarse tanto”, siguen pensando muchos y así seguirán hasta que los contagios masivos van llegando a sus comunidades cercanas o, peor aún, a las propias.

Insano optimismo romántico

Gisela Lara Saldaña, titular de la Unidad del Programa IMSS Bienestar, el 15 de abril informó, con un rotundo optimismo romántico, que en la red que llamó hospitalaria rural, aunque en los pueblos sólo la conocemos por sus clínicas y su insuficiencia en la atención, se han detectado y atendido casos que han sido ambulatorios, que 80 hospitales (o clínicas) cuentan con filtros sanitarios, que se trabaja en 26 lenguas indígenas para informar a la población que insistió en llamar rural y no indígena ni originaria, y celebró, como si fuera el caso, el compromiso de los pueblos con las medidas de distanciamiento social y confinamiento.[6] Pero el  día anterior el doctor Hernán Miltón de 54 años, titular de esa dependencia en Coahuila, una trabajadora del HGZ #7 de Monclova, integrante del Cuerpo de Gobierno del IMSS, quien estando enferma continuó trabajando sin que le mandaran a casa, fallecieron por la enfermedad sin que ella lo mencionara.[7] Mientras, en Oaxaca, en la cabecera distrital de Tlacolula de Matamoros, donde hay una clínica de este sistema, el desacato es de proporciones mayores, no se conocen sus mensajes en zapoteco ni español  ni la acción de sus supuestas brigadas.

Bandera roja, bandera blanca y los sin bandera

Comenzó con los trapos rojos en Colombia[8], se extendió a Bolivia[9], Perú, Ecuador[10], Guatemala[11].  Cientos de familias de bajos recurso de los barrios empobrecidos, resguardados en sus hogares por la pandemia, colocaron trapos rojos en ventanas y puertas como señal de ayuda. Se habían quedado sin dinero y sin alimentos. Familias enteras tenían hambre.

En la Ciudad de México, un artesano oaxaqueño salió a hacer trueque de sus productos por alimentos. En México, en pueblos y comunidades colocaron en sus puertas trapos blancos para indicar que sus condiciones precarias son ya insoportables, tienen hambre y necesitan ayuda. Lo mismo se ha visto ya en poblaciones de Jalisco, Puebla. Tamaulipas[12]; de Baja California como  Tijuana, Mexicali, San Quintín[13]; en Durango[14], Veracruz[15], CDMX[16];  Tepic, Nayarit[17]; en el Estado de México en Chimalhuacán[18]; en Chetumal[19], Quintana Roo.

En San Pablo Villa de Mitla, comunidad de alta marginación, una familia de artesanos textiles, propietarios de telares, han reconvertido sus tradicionales prendas en cubrebocas[20]. Son privilegiados. Decenas de familias mujeres costureras y tejedores a destajo, empleados y mal pagados, que maquilan las piezas de las prendas finales, hace meses que quedaron sin trabajo. Desde que los productores visionarios y viajeros que distribuyen y venden en todos los destinos de playa del país se percataron de la cancelación de vuelos europeos, pararon toda la producción artesanal.

Y de ahí para abajo, es decir, para el submundo de la miseria, el hambre no tiene bandera, está en silencio. Algunos, los menos y a veces privilegiados, han recibido despensas distribuidas por la autoridad local. Son claramente insuficientes. Una iglesia católica y otra cristiana hacen lo propio con menos.

El hambre nos ha alcanzado.

Fotos: distribución de despensas en Sn Pablo Villa de Mitla y Xaagá. Cortesía: Iglesia Koinonía.

[1] Milenio: https://www.milenio.com/estados/coronavirus-los-estados-con-menor-disminucion-de-movilidad

[2] El Universal. https://www.eluniversal.com.mx/nacion/restringen-acceso-34-municipios-por-covid-19-ven-violacion-al-libre-transito

[3] El Imparcial. https://imparcialoaxaca.mx/lacapita/429018/taxistas-de-oaxaca-protestan-por-restricciones-ante-contingencia

[4] El Universal. https://oaxaca.eluniversal.com.mx/municipios/29-04-2020/municipios-de-la-costa-donan-productos-del-mar-familias-para-enfrentar-crisis

[5] Sin embargo. https://www.sinembargo.mx/25-04-2020/3768064

[6] Conferencia de prensa. 15 de abril. https://youtu.be/VZLIr72ZDrA

[7] El Imparcial. https://www.elimparcial.com/mexico/Fallece-titular-del-IMSS-Bienestar-en-Coahuila-por-Covid-19-20200414-0216.html

[8] Revista Semana. https://youtu.be/FEESlj54Ogk

[9] ATB Digital. https://youtu.be/7I7gGYMmBlI

[10] Aporrea. https://www.aporrea.or/actualidad/a289801.html

[11] El Mundo. https://www.elmundo.es/internacional/2020/04/30/5ea95e68fc6c8380578b4596.html

[12] Milenio. https://youtu.be/CrQXTyOQbGA

[13] El Mexicano. https://www.el-mexicano.com.mx/estatal/aparecen-trapos-blancos-contra-el-hambre-en-tijuana-mexicali-y-san-quintin/2057118

[14] Órale que chiquito. https://youtu.be/LCXgnlHyv28

[15] Movimiento antorchista. https://youtu.be/On5HbsgHgTA

[16] Imagen Noticias. https://youtu.be/SqZkhEbw7Ag

[17] El Sol de Nayarit. http://www.elsoldenayarit.mx/cultura/71108-banderas-blancas-en-tepic-simbolo-de-hambre

[18] Milenio. https://www.milenio.com/politica/comunidad/chimalhuacan-familias-piden-apoyos-frente-pandemia

[19] Ruptura 360. https://ruptura360.mx/si-no-me-mata-el-coronavirus-me-mata-el-hambre/

[20] ORO RADIO. https://youtu.be/o4qTNRCZ8jg