Marcos Santa Anna

Oaxaca, Oax.- Apenas termina de escucharse una estrofa del Himno Nacional de México y la garganta de la actriz que está sobre el escenario comienza a desgarrarse, su voz se quiebra y los ojos distorsionados ante la impotencia y la rabia, por la vida arrancada a sus mujeres, la tierra y ese viejo árbol conocido como el nanchón.

Entonces los espectadores se entregan totalmente a la esta en en escena “El Coyul”, que gracias a la Universidad Regional del Sureste (URSE), la cual se encuentra de festejo por 42 años de vida, organizó una serie de actividades culturales para su comunidad de alumnos.

El público, que la tarde este martes 27 de mayo estuvo conformado por chicas y chicos universitarios, convocados aquí en el teatro al aire libre de la URSE Campus El Rosario, ellos pasaron de la risa a la reflexión en unos minutos, apenas en dos o tres actos.

Algunos de ellos que fueron entrevistados al final de la obra, compartieron estar disfrutando y aprovechando la cartelera de actividades que la URSE les ofrece y es que del 27 al 31 de mayo de este 2019, esta universidad, además cuenta con ponencias, convivencia deportiva y talleres para celebrar más de cuatro décadas formando profesionistas de calidad y calidez para el pueblo de Oaxaca.

De regreso a la obra, escrita e interpretada por Esmeralda Aragón y dirigida por Tavo Lastra, de la compañía teatral Pelo de gato, un ojo al gato y otro al garabato, relata la historia de las desaparecidas, de esta “mentirosa y asquerosa” modernidad que arrancó palmeras y árboles de nanche, para poner un pavimento caliente y color gris, de Bianni –la muchacha del pueblo que un día ya no regresó y fue encontrada dentro de una maleta con todo su cuerpo machacado y podrido–.

La calidad escénica y la dramaturgia es buena e inevitablemente conecta con quien la mira, por ello esta obra es ganadora de la convocatoria de producción Teatro Comunitario, Esmeralda Aragón encarna a una mujer istmeña originaria de la comunidad de El Coyul, Huamelula, Tehuantepec, quien con la simpleza y placer efímero que un descanso en hamaca da, va contando y actuando cómo es el istmeño, cómo era su entorno, con respeto, pero con jocosidad ironiza la manera de hablar y expresarse de éstos. Las risas y carcajadas son lo primero que esta obra genera.

Pero, conforme pasan los actos y con ayuda de 42 servilletas para las tortillas, cuya imagen no es un animal o florecita bordada, sino el retrato de hombres y mujeres muertos, que se resisten a ser olvidados, ninguneados más que la nada que su vida los caracterizó van siendo colocados en unos tendederos mientras imágenes de aves, sombras humanas y más son proyectadas en otra servilleta ajustada también en ese aro que las tensa y detiene.