AL MARGEN || Alejandro Murat: El inminente golpe con la realidad

Adrián Ortiz Romero Cuevas

El exgobernador de Oaxaca Alejandro Murat Hinojosa creyó que tenía el futuro asegurado, ahora que fácticamente está en las filas de Morena. No pasará mucho tiempo antes de que termine de comprobar que un escaño no significa injerencia política, y que la pertenencia a una bancada no lo llevará en automático a la posición de poder que él desea. Sólo es cuestión de tiempo.

En efecto, Alejandro Murat es uno de esos políticos de una segunda generación del abolengo priista. Gobernó la entidad bajo esas siglas, primero plegado a los designios del entonces presidente Enrique Peña Nieto; después, en mayor proporción, se plegó a los caprichos e intereses del siguiente mandatario federal Andrés Manuel López Obrador. En los cuatro años que coincidieron, Murat no sólo no fue un político de contrastes, sino que incluso en más de una ocasión salió a defender las iniciativas presidenciales. La apología muratista a la iniciativa de reforma eléctrica de AMLO, es un ejemplo de ello.

Por ello, desde que era Gobernador —aún de filiación priista— se rumoraba que saltaría al gabinete federal. Estuvo, de hecho, a pocos pasos de convertirse en Secretario de Educación Pública. Las circunstancias políticas, entonces, no se le alinearon. Al terminar su mandato, aseguró que no sería promovido por el Ejecutivo federal para ocupar una embajada. Luego vino la renuncia a su militancia priista —que ya para entonces era una vacilada—, hasta que finalmente hace unos días se quitó la máscara priista para mostrarse como el objeto de un acuerdo político con el Presidente para llevarlo al Senado bajo las siglas de Morena y por la vía de la representación proporcional.

La noche de su registro, Murat salió sonriente de las oficinas del Comité Nacional de Morena. Pensaba, posiblemente, que tenía el destino asegurado. ¿Realmente será así? Porque en Morena, queda claro, la única verticalidad es la del presidente López Obrador. Fuera de él, todas las demás definiciones son horizontalidades, o cuando menos líneas diagonales.

¿Cree que ejercerá liderazgo en la cámara alta, con una bancada plagada de los verdaderos líderes, constructores y activos políticos de Morena? No parece algo posible. ¿Saltar al gabinete federal? ¿Lo intentaría sintiéndose respaldado por sus ínfimos resultados como Gobernador de Oaxaca, y los muchos escándalos de corrupción que dejó a su paso? ¿Con esos antecedentes, lo dejarían pasar todas aquellas mujeres y hombres que estuvieron en el movimiento obradorista, cuando nadie creía que podían alcanzar el poder? ¿O pensará regresar a Oaxaca a construir alguna candidatura —la de su esposa, por ejemplo— cuando aquí tiene al principal actor político (el gobernador Salomón Jara) inconforme con su inclusión en Morena?

Paulatinamente le quedará claro que ser algo, no es lo mismo que estar en algo. Quizá logre ser Senador; pero muy probablemente eso no le alcance para estar verdaderamente en los círculos del poder de quien gane la Presidencia. Al tiempo.

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