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* Cierre espectacular de la máxima fiesta de los oaxaqueños
Joan Martínez
Oaxaca, Oax.- Hay veces que cuando quieres compartir un sentimiento las palabras no son suficientes, porque los sentimientos más bonitos sólo se atesoran en el corazón, son las palabras de Luis Guzmán, quien por primera vez acudió a Oaxaca para conocer la Guelaguetza y simplemente, se enamoró más de este hermoso estado, considerado actualmente como el corazón cultural de México.

En punto de las cinco de la tarde, la Rotonda de las Azucenas, en el Cerro del Fortín, el guardián de Oaxaca, en el que desde hace 93 años nuestros antepasados nos enseñaron la Gueza, se divisaba a su máximo esplendor, todos querían ser parte y disfrutar del folclor y la magia de Oaxaca, de sus 16 pueblos originarios y su pueblo afromexicano, a través de este gran homenaje racial que promueve la convivencia de hermandad en la diversidad en los festejos que honran a los antepasados y preservan las tradiciones de Oaxaca.
Fue entonces cuando la representante de la deidad del maíz, la Diosa Centéotl, Patricia Casiano Zaragoza, apareció con un contundente y emotivo mensaje en el que pidió reconocimiento a las mujeres indígenas, no solo de Oaxaca, sino de cualquier cultura. Alentó al pueblo oaxaqueño a no sentir vergüenza de sus raíces, sino todo lo contrario: a defender sus culturas y tradiciones.

Enseguida, la chirimía se hizo presente para dar anuncio del inicio de la fiesta eterna de Oaxaca, la Guelaguetza, porque en Oaxaca, la fiesta es ritual, es ceremonia, es comunidad, reciprocidad, pero sobre todo es compartir con propios y extraños lo mucho y lo poco, es enseñar a amar a la tierra en la que Dios nunca muere.
Fue así, que se dio paso a la manifestación cultural, musical y dancística de las 20 delegaciones que acudieron a engalanar la Octava de los Lunes del Cerro bajo el cálido sol oaxaqueño que caracteriza a las fiestas de la Guelaguetza.

Cada una de las delegaciones hizo entrega de sus bailes, artesanías y frutas bajo el máximo significado de la Guelaguetza que hermana y comparte a través de bailes, danzas, acordes y trajes hermosos.
Asistentes nacionales e internacionales disfrutaron de la presencia de las delegaciones de Loma Bonita, Chalcatongo de Hidalgo, Juchitán de Zaragoza, San Tomás Ocotepec, Villa Sola de Vega, San Sebastián Tecomaxtlahuaca; San Andrés Huaxpaltepec, Santa María Huatulco, San Pablo Villa de Mitla, San Pedro Ixcatlán, Santiago Llano Grande; Cuilápam de Guerrero, Huajuapan de León, Santa Cruz Xoxocotlán, Santa María Zacatepec, San juan Bautista Tuxtepec y la Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores.

Fueron más de cuatro horas de sentir la máxima de Oaxaca, aquella celebración que nadie quiere que termine, la fiesta que dejó muchos rostros de alegría, emoción y nostalgia de que la fiesta haya llegado a su fin.
El cielo se iluminó de luces de color para sellar tan inolvidable momento, pero también para recordar que nos vemos el próximo año, si la vida nos lo permite.

No cabe duda que la Guelaguetza es del pueblo y para el pueblo, pero gracias al Gobierno del Estado encabezado por el ingeniero Salomón Jara Cruz y demás entes correspondientes, fue posible la realización de esta celebración que se difundió hacia todas las naciones como una probadita de por qué Oaxaca es y seguirá siendo el corazón cultural de México, ese corazón que jamás dejará de latir mientras haya hermandad, mientras haya Guelaguetza.
