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* Con un auditorio en su máximo esplendor culmina la primera edición de la Guelaguetza en su octava de los Lunes del Cerro
Joan Martínez
Oaxaca de Juárez, Oax.- Como marca la tradición, desde temprano muchas personas subieron a pie por las escaleras del Fortín y otras llegaron en las unidades gratuitas que dispuso el Gobierno del Estado, pues nadie quería perderse la máxima fiesta de los oaxaqueños que celebra la diversidad etnico cultural de Oaxaca.
Querido lector, no hay palabras suficientes para describir el gran sentimiento que provoca la Guelaguetza, una gran celebración que hermana al mundo en el corazón cultural de México, la bella Oaxaca.
El ingreso al recinto sucedió sin contratiempo alguno, el ambiente de fiesta se podía ver en los rostros de cada persona que esperaba con ansias el inicio de la primera edición de la Octava de los Lunes del Cerro.
Cuando el reloj marcó las 10 en punto el canto de la chirimia que bendice las fiestas anunciaba que la celebración estaba por iniciar. Fue entonces que se vio entrar a la deidad de maíz, a la Diosa Centéotl, quien en esta ocasión fue representada por la señora Juana Hernández López, una mujer indígena con un poderoso mensaje, quien llamó a los pueblos de Oaxaca a no sentir vergüenza por el color de su piel ni por su lengua. También dio una cálida bienvenida a todos los asistentes para después dirigirse junto al mandatario estatal, el ingeniero Salomón Jara Cruz y comitiva para encabezar esta gran celebración.
En el auditorio ya no cabía ni una aguja cuando la primera delegación en presentarse fue la de las Chinas Oaxaqueñas de doña Casilda de la región de los Valles Centrales. Las Chinas son las encargadas de abrir las fiestas con sus hermosas marmotas, sus excepcionales faroles y sus lindas canastas al ritmo del Jarabe del Valle.
Le siguió la delegación de San José Tenango de la Sierra de Flores Magón con sus sones mazatecos y sus mayordomías en honor de la Virgen de la Asunción. Luego fue el turno de la delegación de San Blas Atempa del Istmo de Tehuantepec, pueblo de mujeres bordadoras de hermosos trajes que portan en sus tradicionales velas y mayordomías.
Enseguida, el auditorio se estremeció con la Canción Mixteca de López Alavez, esa bella melodia que provoca el sentimiento de la añoranza cuando se está lejos de la tierra que nos vio nacer. Entonces, fue el turno de la delegación de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco de la Mixteca con sus sones y jarabes, donde demuestran su perfecta sincronía y trazos al bailar.
Siguió la delegación de San Agustín Loxicha de la Sierra Sur con sus rituales sagrados y su misticismo que aún conservan a través de sus fandangos y mayordomía. De la Tierra de las Nubes se presentó Tamazulapan del Espíritu Santo, provenientes de la Sierra Juárez a través de sus Sones y Jarabes, danzas de agradecimiento a la madre tierra en la que el pueblo mixe agradece y pide por la vida, la salud y el amor.
La Villa de Tututepec de la región de la Costa presentó sus fandangos, los cuales simbolizan un baile de apareamiento y fertilidad entre el sol y la luna.
San Lucas Ojitlán de la región del Papaloapan causó gran admiración por sus bellos huipiles que portan en sus fiestas, las cuales acompañan con el sonar de la marimba.
La sensación llegó cuando tocó el turno a la delegación de Santo Tomás Ocotepec de la Mixteca con su tan esperado Baile de Aguja, en el que se esconde una aguja entre el público asistente y una integrante con los ojos vendados y con solo el canto de un violín es guiada por el auditorio hasta encontrar la aguja. El público se emocionó al máximo.
Si duda alguna, la delegación más querida y ovacionada es y será Flor de Piña de San Juan Bautista Tuxtepec, de la región del Papaloapan, donde se lucen hermosos huipiles de colores sin igual.
El desenlace de esta edición casi se acercaba, pero aún había que disfrutar de la delegación de San Vicente Coatlán de la Sierra Sur y su Jarabe Chenteño; de la delegación de Villa Sola de Vega con su Fiesta Solteca y sus Fandangos, Sones y Chilenas. Y, por supuesto, de la delegación de Acatlán de Pérez Figueroa de la Cuenca del Papaloapan, con sus Ritos y Ceremonias del Día de Muertos; de la delegación de Teotitlán del Valle y su Danza de la Pluma.
Por último y para cerrar con broche de oro tocó el turno de la delegación de Santiago Jamiltepec de la Costa con sus Sones, Versos y Chilenas que pusieron a bailar a todos los presentes.
Pero como todo lo que inicia tiene que terminar, la primera edición de la Octava de la Lunes del Cerro culminó con gran éxito, la gente quedó maravillada con la fiesta étnico cultural más importante del mundo.
Estimado lector, si usted no ha tenido la oportunidad de vivir esta fiesta, Oaxaca lo espera con los brazos abiertos el próximo año, para conocer en persona esta gran celebración de Oaxaca.
¡Viva Oaxaca!, ¡Viva la Guelaguetza!