Revolución Mexicana: ¿Qué y por qué festejamos?

 

Adrián Ortiz Romero

+ La lucha revolucionaria, desconocida para muchos

Genéricamente, hoy 20 de noviembre conmemoramos el inicio de la Revolución Mexicana. Eso es lo que nos enseñan en la escuela, y también nos dicen siempre nuestros profesores que esa guerra fue un levantamiento armado en contra de la dictadura del general Porfirio Díaz, que ya se había reelecto siete veces como Presidente, y que mantenía al país entregado a los intereses extranjeros y con una población diezmada por la ignorancia, el atraso y la pobreza. ¿Es eso lo que pasó en realidad, y es por eso que tenemos hoy algo que festejar? Al parecer, hay mucho más de fondo. Y es importante que todos tengamos una idea más o menos clara de qué fue en realidad la Revolución Mexicana.

En efecto, todo el proceso político y armado que genéricamente identificamos como Revolución Mexicana, inició este día pero hace 102 años. De hecho, dicen los historiadores que ésta ha sido la única revolución en el mundo, a la que se ha citado con fecha y hora. Sólo que para entender correctamente toda la dimensión que tiene este importantísimo episodio histórico, es necesario conocer no sólo el contexto en el que inició la lucha armada, sino también las condiciones específicas que, mucho después de la época maderista, la dieron a esta guerra el carácter de Revolución.

Vayamos primero al contexto. Pues resulta que en marzo de 1908 la revista estadounidense Pearson’s Magazine publicó una entrevista que el presidente Díaz le había concedido al periodista James Creelman, en la que aseguraba que México estaba preparado para la democracia, y que por tanto no se presentaría a las siguientes elecciones presidenciales como candidato. Esto desató la euforia democrática en todo el país, y particularmente alentó al empresario coahuilense Francisco Madero, a incitar la formación de un partido y de clubes antirreeleccionistas en todo el país.

Madero adquirió gran popularidad y se presentó como candidato presidencial en los comicios de 1910, en los que el general Díaz nuevamente apareció como candidato presidencial, y ganó. Cuando esto ocurrió, Madero fue apresado en Monterrey y luego llevado a San Luis Potosí. Ahí, al fugarse de prisión, en octubre de 1910, lanzó el Plan que lleva ese nombre y huyó a Estados Unidos. En la proclama llamaba al pueblo a levantarse en armas el 20 de noviembre en contra del gobierno de Díaz.

Así ocurrió. Madero había huido a Estados Unidos. Pero una vez que la rebelión armada alcanzó fuerzas, volvió al país en febrero de 1911 y luego de la toma de Ciudad Juárez, encabezó las negociaciones por las que el presidente Díaz habría de presentar su renuncia. El Congreso designó a Francisco León de la Barra como presidente interino, y ese mismo año lanzó su candidatura presidencial, ganando el máximo cargo político del país de forma abrumadora.

El caso es que Madero tomó posesión del cargo de Presidente Constitucional en noviembre de 1911, apenas un año después de la fecha en que había llamado al pueblo mexicano a la rebelión en contra del presidente Díaz. Asumió el cargo jurando respetar la Constitución Política vigente, que era la de 1857. Gobernó el país, aunque con poca cercanía de quienes habían sido sus antiguos aliados, principalmente los caudillos Emiliano Zapata y Francisco Villa, que nunca vieron reflejados los motivos de su respectiva lucha en el gobierno de Madero. Enfrentó otros intentos de motín, como los de Pascual Orozco y Félix Díaz.

Su administración no tuvo momento de reposo y el 9 de febrero de 1913 estalló el cuartelazo de la Ciudadela, en el que los distintos grupos, incitados por el embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, vencieron al régimen. Madero confió el mando de las tropas del gobierno al general Victoriano Huerta, quien paradójicamente era el principal artífice de la rebelión, y de la traición que se fraguaba en contra del Presidente. Primero fue encarcelado y obligado a presentar su renuncia a la Presidencia de la República; después, fue asesinado la noche del 22 de febrero de 1913.

Independientemente de todos los hechos descritos, es un hecho que hasta aquí no había visos aún de que las sucesivas rebeliones armadas tuvieran los elementos propios de una Revolución. Veamos por qué no.

¿REVOLUCIÓN O GUERRA CIVIL?

Una revolución se diferencia de cualquier otro tipo de confrontación armada dentro de una nación, porque en una Revolución el resultado implica el surgimiento de un nuevo orden jurídico derivado de las causas sociales y políticas que abanderan los grupos que triunfan en ella. En una guerra civil o cualquier otro tipo de rebelión, el resultado tiene más bien que ver con el cambio de quien detenta el poder, o el establecimiento de pactos o arreglos que ponen fin al diferendo, pero sin transformar el orden establecido.

Si vemos la lucha revolucionaria mexicana a partir del maderismo, podremos distinguir que lo que buscaba el Plan de San Luis era simplemente terminar con la dictadura porfirista, pero sin que esto pasara necesariamente por el cambio del orden jurídico. Por esa razón, Madero asumió el cargo, y lo ejerció hasta el final de sus días, bajo los principios de la Constitución Federal de 1857. Su Presidencia no cuestionó los principios fundamentales de aquella Constitución, y no fue sino hasta después de que el general Victoriano Huerta usurpó el poder que le robó a Madero al asesinarlo, que Carranza inició una nueva rebelión que inicialmente buscaba el restablecimiento de los principios constitucionales, y hasta después es que se habló de la posibilidad de consensar una nueva Carta Magna, que elevara al rango constitucional las causas sociales que llevaron a la lucha a los distintos grupos sociales que se movilizaron en aquellos tiempos.

Por eso, al final, objetivamente hay muy poco qué celebrar el 20 de noviembre, si es que de lo que hablamos es estrictamente de la Revolución. El maderismo fue, más bien, un gran movimiento que buscaba la democratización y el rescate de las causas políticas más anheladas de nuestro país, del que sí debemos conmemorar su existencia y honrarla año con año.

CAUSAS REVOLUCIONARIAS

Dice Octavio Paz que la única causa verdaderamente social de la Revolución Mexicana fue el agrarismo de Emiliano Zapata. Él exigía la devolución de la tierra a sus dueños originales, que históricamente habían sido despojados. Esa es otra cuestión por demás interesante de nuestro presente, de la que seguramente habrá otra ocasión para comentar.

 

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