Peimbert revive las agresiones fantasiosas de los tiempos de Segreste

+ Nochixtlán, bastión de Peimbert; ahí, él no media sino atiza conflicto

Adrián Ortiz Romero

La historia de un ombudsman que inventa una agresión para ganar notoriedad ya la vimos en Oaxaca en los tiempos de Sergio Segreste Ríos, y ahora parece querer revivir en los tiempos de Arturo de Jesús Peimbert Calvo como titular de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca. Ante estas maniobras, el Congreso del Estado debería valorar la viabilidad de mantener a un ombudsman que parece haber perdido el sentido de función como defensor de los derechos humanos, para convertir las secuelas del enfrentamiento del año pasado en Nochixtlán, en un conflicto innecesario, doloroso y costoso para Oaxaca.

En efecto, en los anales de la historia está registrada una agresión que sólo Sergio Segreste Ríos sabe si en realidad ocurrió. En aquellos años el entonces Ombudsman estatal aseguró que había sido agredido en medio de una manifestación por personas cercanas al ex candidato a la gubernatura, Héctor Sánchez López.

Sólo ellos saben si esa agresión ocurrió, y si en verdad ello representaba algún tipo de riesgo entre dos hombres tan públicos como ellos, aunque lo cierto es que la mayor ganancia la sacó Segreste, que gracias a aquella denuncia de agresión por parte del entonces perredista exigió que el gobierno estatal le brindara protección, vehículos y la parafernalia policial con la que quizá siempre soñó, además de que con ese episodio, de alguna forma ganó cierta presencia en un ambiente en el que su gestión en específico había sido gris, deslucida y más marcada por sus escándalos personales que por sus capacidades como defensor de los derechos humanos frente al poder público.

Todo esto viene a la memoria a partir de que la semana pasada, Arturo Peimbert Calvo denunció que había sido víctima de una agresión, y luego se enredó en las distintas versiones que fue ofreciendo a lo largo de los días, hasta que finalmente el fin de semana tuvo que reconocer que nada de lo que había asegurado inicialmente era totalmente verídico y que en realidad la supuesta agresión fue sólo una amenaza sobre la que tampoco presentó prueba o testimonio que reforzara sus dichos.

Así, en la primera versión, Peimbert dijo haber resultado ileso; sin embargo, le dijo a Noticias MVS que su vehículo presentaba daños en la portezuela y la batea, tras ser encañonado y recibir disparos cuando se había marchado del lugar. La agresión, dijo, “se perpetró cuando llevaba a cabo una grabación en las inmediaciones del municipio de Nochixtlán”.

Luego cambió la versión. El domingo, la sección Kiosko de El Universal, señalaba lo siguiente sobre la agresión: “Nos cuentan que el que no sabe dónde meter la cara de vergüenza es Arturo Peimbert Calvo, titular de la Defensoría de los Derechos Humanos de Oaxaca, pues la semana pasada se dio a conocer que había sufrido un ataque armado en Nochixtlán, y que hasta balazos había recibido su vehículo, todo por al apoyo que ha brindado a las víctimas del 19 de junio de 2016 pasado, cuando policías dispararon contra pobladores de esa comunidad. El problema, nos platican, fue que cuando el tema comenzó a crecer, el ómbudsman tuvo que salir a explicar que en el ataque nunca le dispararon y que en realidad sólo le apuntaron con el arma desde otro carro, pero no la semana pasada, sino desde el 22 de febrero”.

Luego de eso, la sección Kiosko señalaba: “Luego de la aclaración, nos comparten, son muchos los que preguntan si el presunto atentado no se trata de un intento desesperado de don Arturo para aferrarse al cargo, pues ha reconocido que a 10 meses de los hechos de Nochixtlán, donde murieron ocho personas, no hay ningún avance y hasta ha dicho que no existe una institución preparada para atender el caso.”

Tal parece, pues, que en realidad Peimbert Calvo sí quiere ganar popularidad pero no sólo para mantenerse en el cargo luego de los amplios y documentados cuestionamientos que pesan en su contra por la manipulación del conflicto, sino sobre todo por sus nuevas ambiciones políticas que en realidad pintan para ser una verdadera locura en medio de la crisis permanente de gobernabilidad en la que vive Oaxaca.

¿OMBUDSMAN O COMANDANTE?

Si hay alguien que ha llevado el conflicto de Nochixtlán a un verdadero callejón sin salida, ese es el ombudsman Peimbert Calvo. Él, desde los momentos posteriores al enfrentamiento entre la Policía Federal y las organizaciones sociales y pobladores que acuerparon a la Sección 22 en el cruce de la súper carretera Oaxaca Cuacnopalan, a la altura de Nochixtlán, ha fungido no como un mediador o un facilitador de soluciones, sino como un agente radical que ha buscado entrampar el conflicto y llevarlo al punto de las soluciones imposibles, para continuar utilizándolo como su herramienta de negociación para mantenerse vivo ante el nuevo grupo gobernante de Oaxaca. ¿De qué hablamos?

De que, desde el primer momento, Peimbert se asumió en el diálogo y la negociación con el gobierno federal no como un interlocutor, sino como uno de los comandantes de los grupos que se dijeron agredidos y victimizados por el enfrentamiento, y que a lo largo de estos meses se han dedicado a entorpecer el proceso de reparaciones y atención integral a las verdaderas víctimas del enfrentamiento, con tal de que el gobierno federal no alcance un acuerdo final con los pobladores, y mientras ellos sigan generando roces y desencuentros disfrazados de mesas de negociación que, además, a estas alturas no tienen ningún derrotero definido.

A estas alturas, el gobierno federal ha agotado todas las vías posibles para encontrar una solución civilizada a las demandas de los grupos organizados y comandados por Peimbert; a 10 meses del enfrentamiento, tienen perfectamente claro que el principal obstáculo para cualquier posible solución, está en la Defensoría de los Derechos Humanos de Oaxaca, porque que es la principal interesada en fustigar a la verdadera población afectada y por priorizar la presencia de grupos radicales organizados, afines a la Sección 22 y a los sectores sociales y católicos radicales entre los que Peimbert es influyente, para que éstos entorpezcan cualquier posibilidad de avance o solución a las secuelas del enfrentamiento de Nochixtlán.

De hecho, a lo largo de los meses, esos grupos comandados por Peimbert han ido de lo asequible a lo inalcanzable, con tal de mantener vivo el conflicto. Han demandado reparaciones imposibles, atención médica que ya no se justifica en la situación real de las víctimas, dinero en efectivo e innumerables demandas que ya no se justifican en la situación actual de las víctimas. Hoy, por eso, queda claro que las organizaciones sociales de Peimbert, que tomaron la delantera en el conflicto, siguen demandando prestaciones no para que les sean dadas, sino justamente para que al no podérselas otorgar continúen alegando omisiones del gobierno federal respecto a todas las víctimas.

EL PETATE DEL MUERTO

Así, Peimbert se ha tratado de vender con la administración entrante como un factor de gobernabilidad y paz social por su supuesta interlocución con las organizaciones sociales, como en el caso antes señalado. En realidad, está intentando chantajear al gobierno para al menos lograr mantenerse en la Defensoría, o incluso para tratar de brincar a alguna otra posición en la estructura gubernamental estatal. Sólo que como cada vez le resulta más complicado tener como pivote el conflicto de Nochixtlán, y su supuesta presencia como garante del diálogo con los afectados, se vio obligado a recurrir a la vieja estrategia de Sergio Segreste, para ver si con eso lograba mantenerse en el radar —o al menos infundiendo miedo— del grupo gobernante. El problema es que la treta del atentado le falló. Y a estas alturas, resultaría no sólo insostenible cualquier aspiración para mantenerse en el sector público estatal, sino también impresentable como mediador y como quien quiere algo bueno para Oaxaca.

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