La X en la frente

Murat, revolución y social democracia

Moisés Molina

La revolución fue la carta de presentación de México ante el mundo. Fue la primera de su tipo, habiendo obedecido más a factores internos que externos como nación, entre los cuales descollaba el doloroso parto de un gran acuerdo nacional convertido en dictadura y, por ende, en desacuerdo.

Si fue buena o mala política, social y económicamente, no es propósito de este breve texto. Lo que sí destaco es la coincidencia de que para Juárez hubo un Díaz; y para Díaz, tres Flores Magón.

 No fue “la sucesión Presidencial” la que dotó de programa al movimiento armado, mucho menos la entrevista Díaz-Creelman, sino el programa del Partido Liberal Mexicano y el Manifiesto de la Nación redactados en su esencia por Cipriano Ricardo Flores Magón.

Mientras Europa convulsionaba aun con los estertores de la primera gran guerra, en México los caudillos se seguían matando, aunque para entonces (1917) teníamos ya el producto, el néctar que nuestra guerra produjo: una Constitución; la primera en su tipo: una Constitución Social.

Mientras Alemania presumía la de Weimar con el primer Reich, México, muy discretamente comenzaba a transitar la vía del Constitucionalismo Social, vigente hasta nuestros días, institucionalmente, bajo su última nomenclatura de SOCIALDEMOCRACIA.

Y ese que en el sexenio del presidente Peña Nieto, su partido político, decidió modificar sus documentos básicos y entre ellos su Declaración de Principios dando un viraje del “NACIONALISMO REVOLUCIONARIO” a la “SOCIAL DEMOCRACIA”, lo cual, al menos doctrinariamente, es un paso gigantesco si se practicó en el gobierno, en el caso de ganar nuevamente la Presidencia de la República y/o la mayoría en el Congreso y los congresos estatales.

No es una cosa menor. En 2018 buena parte del país se va a mover el primer domingo de junio a emitir su voto en una macro-elección inédita, después de los cambios constitucionales: elegiremos presidente de la República, senadores de la República, diputados federales, diputados locales, presidentes municipales y algunos gobernadores (en este último rubro no aplica para Oaxaca).

En una frase, en 2018 estaremos, contando también la redistritación, rediseñando la ingeniería de los procesos electorales federales y locales, e iniciando una nueva era de la cultura política, aun precaria.

Para la elección de 2018, se espera un vuelo de los ciudadanos a las urnas. Es mucho lo que está en juego y mucho lo que se ha avanzado en las asignaturas de los procesos electorales, desde los actos preparativos de la elección, hasta los medios de impugnación y la pertinencia de su uso por los actores legitimados para el impulso procesal, pasando, como nunca, por los candidatos independientes. Hay que reconocerlo. Es el tiempo idóneo para que los partidos políticos tomen en serio de una vez por todos sus documentos básicos en lo referente a su programa de acción y plataformas electorales. Derivando estas de aquel y los estatutos, sustentan las propuestas de todos y cada uno de las y los candidatos a todos los cargos de elección popular, independiente de si son federales o locales; del ejecutivo o el legislativo.

¿Y qué tiene que ver José Murat con todo esto?

El jeromeño preside la Fundación Colosio a nivel nacional y entre muchas otras cosas, es la de redactar la plataforma electoral del partido en el poder, atribución de este órgano especializado.

Recordará usted –amable lector– la coyuntura de enroques periodistas y gubernamentales en el país hace unos meses y uno de los “rumores” que más trascendieron  fue el de la llegada de José Murat a la CNOP. Se dio por sentado “no había vuelta atrás”, decían quienes no le conocían.

Cuando se supo que su destino era la Fundación Colosio, sus detractores preconizaron un duro revés en su carrera política.

No es menospreciar a la CNOP, pero pocos espacios partidistas tan protagónicos, como el de la Fundación Colosio de cara a la “Madre de todas las Batallas”.

Su presidente no es designado por el jerarca del PRI. La F.C. es la ASOCIACIÓN CIVIL, cuyo trabajo, oxigena programáticamente e ideológicamente al partido de la “revolución”.

Recordará usted a José Murat coordinando el “PACTO POR MÉXICO” y la edición de su libro meses atrás de su unción como presidente del Consejo Directivo de la Fundación Colosio, A.C.

Pues la PLATAFORMA ELECTORAL 2018 del PRI, apunta a ser una continuidad de aquel trabajo –que hizo posible la mayoría de las reformas de gran calado por iniciativa presidencial–  coordinado por el exgobernador y teniendo como sustrato toda la teoría de la SOCIALDEMOCRACIA, que es la nueva piel del PRI y que, como se aprecia en su libro y diversos momentos de su carrera desde su juventud, no le es ajena de modo alguna.

Que no se tome esto como un ensayo de panegirismo. Son solo gentes que si se leen con detenimiento le llevarán a usted a un horizonte más amplio de reflexiones para entender un poco más de los probables resultados de la elección que se aucana, y la plataforma electoral, está llamada a ser un documento participativo, democrático, metodológico, transdisciplinario, multitemático. Y sobre todo abierto no solo a la gran base militante del partido fundado por Plutarco Elías Calles en 1929, sino también a todo ciudadano que tenga una idea, una propuesta, un sentir qué aportar para construir lo que posiblemente será programa de gobierno y trabajo legislativo para todo el país.

 

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