La Academia en tiempos de ‘youtubers’

Ismael Ortiz Romero Cuevas

Debo confesar que no soy muy fanático de la televisión abierta de nuestro país. En los años noventas la euforia de los sistemas de paga crecía y lo mismo el desinterés ya, al menos mío, de ver ese tipo de programación que más bien siempre fue dirigida a un público específico (definidos como “los jodidos” por el mismo tigre Azcárraga), pero debo confesar también que en esos años se esforzaban por atraer a la audiencia a su programación y por alguna u otra razón, terminábamos sintonizando algo de la programación de la televisión abierta, o era el noticiario o la telenovela de Thalía, pero algo terminábamos viendo. Y la competencia se medía en números, pero también en el esfuerzo de la gente que trabajaba en las televisoras porque la audiencia, no se fuera. Así, MTV, Nickelodeon o Warner Chanel tenían buena programación, pero siempre el público regresaba a algún canal de televisión abierta.

A inicios de la década del 2000, comenzó la decadencia de la programación y la euforia por un formato que en el mundo tuvo su auge unos cuatro o cinco años antes que en México: el reality show. Así, vimos a una docena de jóvenes encerrarse en una casa para que observáramos un patético experimento llamado Big Brother, donde se acababa con la dignidad de los participantes tal y como si fuera un zoológico. Fue en 2002 cuando todos conocimos ese formato en México y por morbo o por interés veíamos qué les pasaba a los que estaban encerrados ahí. Sin embargo, fue al término de ese programa cuando conocimos un verdadero fenómeno en la televisión: La Academia, un programa que nos daba entretenimiento, además de que veíamos como 14 “hijos del vecino” se convertían en estrellas. Personalmente me tocó ver muy de cerca este reality no por fanático, sino porque trabajaba en un periódico local donde, también debo confesar que por méritos míos y no de la empresa donde laboraba, cubría la fuente y viajaba constantemente a las instalaciones de Televisión Azteca además, para ver el desempeño de la participante oaxaqueña que estaba en ese programa. La gente por alguna razón, se rindió ante esta emisión y con los participantes, pasando de ser de mero entretenimiento a una especie de sobrinos y el tío Gamboín, donde el teleauditorio los patrocinaba para que no salieran de la escuela, algo así como comprar votos para la reina de la primavera de la escuela. En esos viajes me enteré de muchas cosas, como por ejemplo, que no todos los participantes son “auténticos” dentro del programa, pues para la exposición continua en la pantalla se debe tener cierto entrenamiento, así supe (y por un descuido de alguien de la producción del programa) que por lo menos cuatro de los 14 participantes no eran tan “hijos del vecino” como pensábamos, pues ya contaban con un manager, entre ellos, Víctor García y José Antonio de la O.

Y eso de los participantes que ya cuentan con cierto entrenamiento y experiencia ha sido la constante en La Academia y ha sido más evidente en algunas generaciones que en otras, como la tal Jolette o el pleito de una participante llamada Denisha que porque también había aparecido en el programa “Caso Cerrado” antes de ser alumna de La Academia; de esta humillación pública pueden ver el video en YouTube. Eso no es exclusivo de La Academia, también La Voz México tiene sus “queveres” y no hace mucho, reclutaron a una cantante llamada Alexa, que fue integrante de Fandango y Timbiriche, de hecho, es la intérprete original de Muriendo Lento (tema que años más tarde volvieran a popularizar Moderato y Belinda), y que además, salió de pleito con la producción del programa al públicamente aceptar que ella fue convocada, no hizo casting y que le habían prometido un pago que nunca recibió. Ahora me entero que nuevamente La Academia está al aire y resulta que el expulsado del pasado domingo fue un tal Isbo, que no es que lo conozca demasiado, pero en un breve tiempo fue parte del grupo llamado Cumbia All-Starz de A. B. Quintanilla, nuevamente nada de que son perfectos desconocidos como nos venden la idea.

Lo cierto es que aunque en su momento de lanzamiento, La Academia, que ha sido el reality show más exitoso de México en la breve historia de estos programas, algo pasa actualmente que no pueden enganchar con los jóvenes a quienes se supone va dirigido. A los chavos de este tiempo, ya no les interesa salir en la tele, porque ya no es lo que para nosotros fue: el entretenimiento número uno. En estos tiempos de “youtubers” y de gente que se exhibe en ese portal solo por el gusto de hacerlo, es muy complicado generar una empatía con los lozanos y mucho menos, que tengan por lo menos un ideal. No debería ser tan complejo si entendemos que la mayoría de los “youtubers” tienen carisma, pero carecen de talento, es decir, si YouTube cerrara hoy, ¿cuántos de esos chavitos exhibicionistas se quedarían sin su principal aparador? ¿qué harían después de YouTube? Quizá regresarían a sus vidas normales de gente ordinaria, simple y sin talento; y eso es justo lo que los realitys de “idoneidad” deberían vender y explotar como su principal fuente de identificación, que ellos preparan para la vida y no para ser famosos en un portal de internet que aunque genere mucho dinero, no sabemos cuánto dure; si el gran negocio que fue Televisa está a punto de quebrar, ¿qué se podría esperar del portal? Lo cierto es que ni La Academia, ni ningún reality show en estos tiempos podría ser lo que fue, porque el morbo que de alguna forma generaban, hoy se encuentra mucho más a la mano y sin estar sujeto a un horario al momento de acceder a internet y a cualquier red social desde cualquier gadget. Hoy, vemos morir el género del reality y de varios formatos televisivos gracias a eso. Eso es la tele en tiempo de “youtubers”.

 

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