Ilusión de cambio

Carlos R. Aguilar Jiménez

Vivir en un mundo de irrealidad y fantasía es lo que caracteriza a la mayoría de personas que creen en todo tipo de quimeras y supersticiones, desde los horóscopos a las medicinas alternativas, siendo felices desde niños creyendo que Santa Claus y los Reyes traerán regalos si son buenos y ya adultos creyendo en cualquier tipo de religión y sus dogmas, como que el universo y la Tierra se hicieron en seis días o que al hombre lo hizo Dios de barro y con hálito divino le insufló vida y alma y, viendo que estaba solo, extrajo una costilla e hizo a la mujer, inferior al hombre en consecuencia y así incluidos los ovnis (objeto volador neciamente imaginado) y que México es un país maravilloso.

¡Sí!, insisto, sí es México un país maravilloso y muy querido por todos; posee paisajes naturales extraordinarios como los de Suiza; tiene historia y cultura milenaria, no más antigua que la egipcia o persa; fabulosas zonas arqueológicas, no mejores que las egipcias o griegas; fabulosos templos coloniales, más pequeños que los europeos, ya sea la Catedral de Milán o la Iglesia de San Pedro, pero no importa, a nosotros nos parecen los más grandes y algunos creen que el río más grande del mundo es el Papaloapan y se animan a decir que “como México no hay dos”.

Si hubiera dos como México en el sentido de sus maravillas naturales, recursos materiales y atractivos, el mundo sería mejor; no obstante, no se trata de lo que existe naturalmente, sino de lo que hacemos los mexicanos, de lo que es México como país con su gente, resultando así que es un país en extremo corrupto, excesivamente creyente y guadalupano, donde la impunidad e inseguridad es la constante social, por lo que pretender extirpar esta conducta nacional y eliminar la inseguridad y violencia es otra fantasía, porque si bien es loable intención, es difícil que la idiosincrasia nacional se modifique, dado que está impregnada en los huesos y casi todos cometemos algún acto de corrupción, siendo ocasión de lo mismo que culpamos, viviendo en falsa moral y, si para bien el gobierno de AMLO extirpa de su gobierno la corrupción y transas, difícil será que lo haga entre la gente de por sí corrupta. Por ejemplo, entre los miles de priistas y su partido en extinción que han vivido, con excepciones, de la transa y engaño, circunstancias que los llevaron a perder estrepitosamente estas elecciones y todas las que sigan.

De la misma forma que entre taxistas, líderes sindicales, porros de universidades, el magisterio de Oaxaca, presidentes municipales de aldeas, agentes de vialidad, clasificados como los gremios más corruptos, así que la ilusión o fantasía respecto que México será un país honesto es la mejor intención que puede tener un gobernante, pero se va a enfrentar con la siniestra identidad del mexicano, por supuesto no de los que trabajan y cumplen con sus obligaciones, sino con los millones que durante décadas se acostumbraron a vivir de la grilla, abuso, arbitrariedad, chantaje, coacción, violencia, bloqueos y terrorismo social, porque incluso muchos de éstos serán parte de los próximos gobiernos, desde nivel municipal al federal. Como Ebrard, responsable del fraude e inoperancia de una línea del Metro y otros corruptos más que usted conoce.

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