Explotó la bomba

Carlos R. Aguilar Jiménez

En los años 70 del siglo pasado, la ONU advertía sobre un inminente desastre social y ecológico si no se conseguía controlar la explosión demográfica. En aquellos años felices la mecha de la bomba apenas se había prendido, transcurriendo medio siglo y por fin en estos años la bomba demográfica ha explotado, porque desde finales del siglo pasado debido a esta explosión más de 200 millones de personas, la mayoría niños han muerto de hambre y de las enfermedades relacionadas con la desnutrición y falta de higiene o servicios de salud oportunos.

La explosión demográfica ya no es únicamente una amenaza que se cierna sobre nosotros, principalmente los habitantes de países pobres, como cuando la ONU advirtió de este peligro y en el planeta únicamente había 3,500 millones de habitantes, porque hoy es una realidad explosiva al contarse más de 7 mil millones que continúan reproduciéndose como conejos, principalmente en Centroamérica, Asia y África, donde están los pueblos más religiosos e ignorantes de la Tierra. Para darnos una idea del potencial y daños que está causando esta explosión demográfica, durante los seis segundos que usted tarda en leer este renglón, nacerán otras 20 personas. Cada hora hay casi 13 mil bocas de nuevos niños que alimentar y cada año más de 100 millones más, mientras el mundo cada año dispone de menos kilómetros de hectáreas de suelos de cultivo o de menos de cientos de kilómetros cúbicos de agua.

Como ejemplo de esta desastrosa explosión tenemos ahora a los millones de migrantes en el mundo, cientos de miles de africanos que se quieren meter a Europa y cientos de miles de centroamericanos y mexicanos que intentan penetrar ilegalmente a los EU, individuos sin oficio ni beneficio, buenos quizá para lavar platos, limpiar excusados o realizar las labores más pedestres, porque en sus países, como en México, no se privilegia la educación ni el control natal, multiplicándose la población a niveles tan peligrosos que en nuestro país la impunidad en cuanto a delitos es del 98 por ciento, la corrupción es extrema y la pobreza máxima, porque si bien los países pobres, especialmente los centroamericanos, cuentan con recursos naturales como energía solar, eólica o hídrica, lo cierto es que no tienen ni la tecnología, ciencia y educación para aprovecharlas y convertirlas en energía o divisas, como se está comenzando a hacer en Oaxaca, en el Istmo, con el viento que mueve aspas de aerogeneradores. No obstante, aunque se cuente con recursos abundantes, si lo que abunda más es gente, no habrá nunca recursos o tecnologías que puedan soportar la presión extrema de una explosión demográfica y, si bien todavía EU y Europa siguen siendo graneros y abasto del resto del mundo, cuando con la actual explosión demográfica lleguemos a 10 mil millones a mediados de este siglo, la explosión será tan devastadora para Latinoamérica que la única salida será la guerra, el exterminio, la peste o epidemias, porque así es la naturaleza, ni buena ni mala, simplemente es y, cuando se agotan los recursos se migra, se enferma o se inician  guerras. La migración ya es una realidad, lo que sigue es la guerra y el hambre.

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