El caso de violación en el ISSUABJO en su dimensión académica

+ Revela, dentro de la Universidad, necesidad urgente de protocolos

Adrián Ortiz Romero

Parece una contradicción la estrategia de un grupo denominado Movimiento de Universitarias Oaxaqueñas en Vigilancia ante las Agresiones Sexuales (MUOVAS), que este fin de semana presentó públicamente diversas pruebas relacionadas con un caso de presunto abuso sexual cometido por un profesor investigador del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO, en contra de una de sus asistentes de investigación durante una práctica de campo en una comunidad de Tlaxiaco. La contradicción parece radicar en que terceras personas están denunciando los hechos y no la víctima ante la autoridad correspondiente, y que el Consejo Técnico del Instituto llamó al presunto responsable a ponerse a disposición de las autoridades, a pesar de que todos admiten que aún no existe una denuncia presentada. ¿Qué buscan?

En efecto, a través de una conferencia de prensa, el pasado sábado integrantes del MUOVAS presentaron diversas pruebas y testimonios relacionados con un posible abuso sexual ocurrido durante una práctica de campo, por parte de uno de los profesores investigadores del Instituto de Investigaciones Sociológicas en contra de una de sus asistentes de investigación.

La difusión pública de los documentos y testimonios, no es sino la consecuencia de los llamados ignorados tanto por la Dirección del IISUABJO, como por el Consejo Técnico del mismo, tanto para iniciar con el procedimiento disciplinario que establece la reglamentación de la UABJO en contra del señalado, como para establecer mecanismos y protocolos para el tratamiento de ese tipo de casos, cuestiones que no fueron atendidas oportunamente por las instancias universitarias correspondientes.

Por eso, en la presentación pública de las pruebas y testimonios ocurrida el pasado sábado, el MUOVAS se dijo dispuesto a darle vista a la Fiscalía General del Estado sobre los hechos denunciados y las pruebas difundidas, y después el propio Consejo Técnico estableció esa misma intención a través de una carta abierta publicada el lunes a través de distintos medios. A pesar de ello, hasta ahora no hay noticia respecto a si eso ya ocurrió, como tampoco de si la propia víctima había presentado —o está dispuesta a hacerlo— la denuncia ante la Fiscalía de Delitos contra la Mujer.

En esa lógica, parece entonces que todo esto se encuentra enmarcado por una gran contradicción, ya que hasta el momento no se ha dado vista a la autoridad ministerial para que inicie las acciones que correspondan, pero el Consejo Técnico tampoco estableció una postura concreta con relación a la permanencia del señalado como profesor investigador dentro del Instituto. Podría parecer eso, aunque en realidad las acciones del MUOVAS reflejan estar más encaminadas a obligar a la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca a tomar acciones internas en contra del señalado, y establecer medidas para que este tipo de situaciones de indolencia institucional universitaria, no vuelvan a ocurrir.

DESDÉN UNIVERSITARIO

Quienes conocen a detalle este asunto señalan que el acto público realizado el sábado por MUOVAS es la consecuencia de reiterados llamados internos a la Universidad para que tomara conocimiento de estos hechos, y de asimismo reiteradas muestras tanto de la directora del Instituto de Investigaciones Sociológicas, como del Consejo Técnico del Instituto —que está integrado por la directora y profesores— para asumir con sentido de responsabilidad esta denuncia.

El MUOVAS, en el fondo, parece tener una preocupación concomitante a la falta de acciones para llevar ante la justicia este caso de abuso sexual: la situación de que, a pesar de que este hecho es ampliamente conocido en el Instituto, y por las más importantes autoridades universitarias desde hace tiempo, nadie ha tenido la voluntad suficiente para actuar a nivel interno, y todos han dejado la solución del asunto a terceros indeterminados, que lo mismo pueden ser la afectada —que hasta ahora no ha presentado la denuncia correspondiente—, o la autoridad ministerial —que no tiene forma de actuar porque no se ha denunciado el hecho.

Junto a esa preocupación hay otra aún más importante: a pesar de que este hecho es público y de amplio conocimiento entre la comunidad del Instituto, y de la Universidad en general, hasta ahora el señalado como responsable de haber cometido el abuso sexual denunciado, y posiblemente otro más en grado de tentativa, continúa siendo profesor investigador; continúa realizando viajes para prácticas de campo, y continúa estando en contacto con universitarias —alumnas, asistentes de investigación, profesoras, investigadoras, y demás— que ante el silencio y la indolencia de las autoridades de la Universidad, son blancos potenciales de una persona con esos antecedentes.

Esa es la razón por la que el MUOVAS parece haberse atrevido a llevar a un foro público la denuncia y los testimonios: en realidad lo que están tratando de lograr es que la Universidad tome medidas internas, tanto para el caso concreto como de fondo, frente a esta situación. Intentan, en el corto plazo, que el profesor investigador señalado sea separado provisionalmente de sus funciones, mientras el Consejo Técnico del Instituto lleva a cabo el procedimiento contemplado en su propio reglamento para aplicar medidas disciplinarias que, según su demanda, debe consistir en la destitución.

Argumentan, en refuerzo, que ya existe un antecedente de otro integrante del Instituto que fue sancionado y separado de sus funciones ante un señalamiento de esa misma naturaleza. Sin embargo, en la carta pública que el lunes emitió la Universidad sobre el tema, no se pronuncia respecto a si el señalado será o no separado de sus actividades académicas, en tanto se establecen las responsabilidades por parte del Consejo Técnico.

Pero además, el MUOVAS intenta llevar el este problema a un grado todavía más de fondo al exigir la creación de protocolos de atención para este tipo de casos. Aseguran que independientemente de lo que pueda decidir la propia víctima respecto a una denuncia penal, y de lo que resuelvan las autoridades competentes, la Universidad debe contar con protocolos para tratar este tipo de situaciones, para sancionar a quienes incurran en este tipo de prácticas a través de reglas y mecanismos claros y definidos, y para garantizar la integridad de la comunidad universitaria al margen de lo que pueda ocurrir fuera de la Universidad. Sobre esto último sí hubo un pronunciamiento favorable por parte del Consejo Técnico.

Al final, lo que queda claro es que más allá de lo que hagan ahora, lo que visibilizó la denuncia de ese colectivo de mujeres, fue la poca disposición institucional a conocer y atender este tipo de casos, y el ánimo —quién sabe si accidental o deliberado— por proteger laboralmente a alguien que ha sido señalado de forma reiterada por una práctica abominable como el abuso sexual, a pesar de los llamados de la propia comunidad universitaria para que el Consejo Técnico abordara la situación a tiempo y con la responsabilidad necesaria, y no hasta el tiempo de los señalamientos y las denuncias públicas.

VIOLENCIA TOLERADA

La gente ve divertida cuando aparecen las “ladys” y los “gentlemans”, ahora conocidos así por sus prácticas de prepotencia y violencia en contra de otras personas, y también comparten morbosamente en redes sociales contenido de peleas, agresiones verbales, insultos y demás. ¿Cómo pensar en una sociedad más tolerante y respetuosa, cuando ese —lo aceptemos o no— es el signo de nuestro tiempo?

 

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