Cambio en el TSJE: Indispensable, una transición hacia el futuro

+ Eliminar el criterio político para la designación de su Presidente

Adrián Ortiz Romero

Si nada extraordinario ocurre, hoy asumirá Raúl Bolaños Cacho Guzmán como presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, en sustitución de Alfredo Lagunas Rivera. Este cambio ocurre en medio de una de las peores crisis orgánicas de la justicia en la entidad, y por eso mismo el cambio debe obedecer específicamente a la necesidad de encauzar una transición, de fondo y de largo plazo, en el sistema de justicia en Oaxaca.

En efecto, desde hace varias semanas se hablaba de la posibilidad de que Lagunas Rivera —electo como magistrado Presidente hasta 2019, según la última reforma constitucional en la materia— dejara la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia para dar paso al nuevo régimen en el sistema de justicia. Parecía, de entrada, una negociación de claroscuros, ya que Lagunas es un fiel representante del grupo político que fue derrotado en las urnas el año pasado y, como tal, siempre actuó como representante de un sector político y no como alguien interesado en el sistema de justicia.

La parte aparentemente compleja de esa negociación, radicaba en que, en sí mismo, el diálogo relacionado con la necesidad de que abandonara la presidencia del Tribunal contradecía el principio constitucional de autonomía e independencia entre poderes, y también era una contraposición a la tendencia nacional de reforzar la capacidad de autodeterminación interna de los propios poderes. No obstante, en la ponderación de circunstancias contra principios, Lagunas salía derrotado por haber sido un titular del Poder Judicial incapaz y despreocupado por defender las prioridades y principios sustantivos más básicos, y por sólo dedicarse a cuidar y representar su parcela política.

De hecho, Lagunas Rivera no fue sino la continuación de la práctica ominosa que llevó a otros personajes, igualmente despreocupados por las tareas sustantivas del Poder Judicial y ajenos a la carrera judicial, a la titularidad del Poder Judicial del Estado. Su antecesor, Héctor Anuar Mafud Mafud, por ejemplo, en todo su paso por la administración pública, nunca se caracterizó por haber sido un abogado destacado, un jurista con aportaciones académicas, o un profesional del derecho respetado y considerado por la comunidad jurídica local o nacional, como para poder llegar con el favor político, pero también con los méritos suficientes, al cargo de Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.

Y de hecho, al igual que Mafud, Lagunas Rivera llegó a la magistratura gracias a una negociación política; y gracias a eso mismo ascendió hasta la Presidencia del Tribunal al margen de cuestionamientos tan básicos como si él habría querido en realidad ser magistrado; si estaba preparado para ello; y, sobre todo, si tenía la capacidad para tomar en sus manos la responsabilidad de la administración de la justicia en la entidad, y también la administración del Poder encargado de dar justicia a las personas.

En realidad, siempre se supo que él llegó a la magistratura gracias a un favor familiar ofrecido desde el Gobierno del Estado a cambio de una buena relación comercial y política con el periódico Noticias; que lo hizo sin haber acreditado carrera judicial o méritos profesionales; no fue un jurista destacado ni tampoco ha sido reconocido por sus criterios jurídicos, por su capacidad como juzgador o por sus aportaciones al sistema de justicia.

No lo demostró como magistrado y tampoco como Presidente del Tribunal, ya que ni siquiera tuvo la capacidad de defender la obligación constitucional relacionada con la implementación calendarizada del nuevo sistema de justicia penal, ni tampoco de evitar la precarización del trabajo de los juzgados y salas de segunda instancia, que en general hoy atraviesan por un periodo aciago. Por eso, al margen de sus intereses políticos, en realidad nadie extrañará a Lagunas como Presidente porque no acumuló ningún mérito destacable y tampoco fue un ejemplo de independencia o autonomía frente al poder que en su momento le permitió llegar a la titularidad del Poder Judicial.

TRIBUNAL HACIA EL FUTURO

Raúl Bolaños llegará a la presidencia del Tribunal, pero debe hacerlo para plantear el sistema de justicia hacia el futuro. Acaso, el primero planteamiento que tendría que asumir con responsabilidad, es el de sentar las bases para la profesionalización de fondo de los jueces y magistrados, para que en el mediano plazo la Presidencia del Tribunal quede fuera de los intereses y los apetitos políticos. La Presidencia del Tribunal Superior debe dejar de ser un cargo eminentemente político, para pasar a la lógica de que dicho cargo sea ocupado por un juzgador, que asuma la responsabilidad de representar políticamente al Poder Judicial del Estado ante los demás poderes.

Otro de los planteamientos de fondo debe radicar en la dignificación de fondo de la labor judicial. No hay correspondencia entre la carga de trabajo y el menguado nivel salarial de los jueces y secretarios judiciales. Un Poder Judicial confiable, debe otorgar las suficientes garantías económicas y laborales a sus trabajadores, para inhibir en la mayor medida posible que éstos incurran en actos de corrupción.

Otro punto por demás relevante, apunta a que el propio Pleno del Tribunal debe reorganizarse y depurarse, ya que hoy existen más magistrados que esferas de competencia del Tribunal, y es no sólo una sangría sino también una demostración de falta de seriedad y compromiso que el Pleno casi haya tenido que inventar materias y áreas de conocimiento para tener entretenidos su excesiva y costosa planta de magistrados. No es una tarea fácil, pero debe haber correspondencia y equidad tanto entre las percepciones económicas del personal judicial y los magistrados, como también en el número de servidores públicos asignados a cada jerarquía judicial para hacer un correcto reparto de las cargas de trabajo y las necesidades administrativas y jurisdiccionales.

Todos los que conocen el Poder Judicial saben que está lleno de gente valiosa que necesita ser reconocida. Por eso la necesidad de ir eliminando la incidencia de los criterios políticos para la asignación de funciones, responsabilidades y representaciones. Ahí tiene que brillar cada día más la especialización y el conocimiento jurídico, y menos el chambismo, el cuatismo, los favores políticos y la pertenencia a facciones partidistas.

En el fondo, ahí es donde están los mayores retos del nuevo Presidente del Tribunal Superior de Justicia, que tendrá como primera tarea importante lograr que Oaxaca supere el rezago en la atropellada implementación del nuevo sistema de justicia penal, del que en otros tiempos fue pionero, pero ahora se encuentra en el cabús de las entidades que aún no logran establecerlo.

Ese rezago tiene como origen la indolencia de los dos últimos presidentes, y el poco interés de los dos anteriores gobernadores por el sistema de justicia. No obstante, el mayor reto de Bolaños radicará en sentar las bases e impulsar la transición del tribunal para las décadas siguientes. Ojalá tenga voluntad y respaldo para hacerlo.

EDIL, INERTE

Es increíble cómo un personaje con tanta experiencia política, tenga hoy tantos problemas en tan poco tiempo: José Antonio Hernández Fraguas, edil citadino, ha preferido el enfrentamiento a la posibilidad de hacer algo relevante en sus dos primeros meses como autoridad municipal de la capital. Nadie puede basar su gestión en quejas, acusaciones y retractaciones, todo a partir de intereses “fantasmales”. Todo eso, más que una circunstancia parece excusa. Y la capital oaxaqueña no merece eso.

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