El paraíso expulsado

Bahías de Huatulco, el desarrollo turístico que un día fuera el emblema y orgullo de México por su pretendida relación de respeto con el medio ambiente, hoy muestra signos de abandono financiero, falta de coordinación entre los 3 niveles de gobierno y una profunda división política local que facilita el desorden social, la irrupción del crimen organizado, invasiones de presuntos precaristas y el acoso de organizaciones sociales que parecen empeñadas en meterse de lleno en este desarrollo turístico.

Desde sus remotos orígenes y a lo largo de su historia, Santa María Huatulco ha sufrido desde ataques de piratas, guerras con pueblos vecinos, invasiones, despojos y expropiaciones, pero ahora sus pobladores originarios enfrentan con desorganización, desánimo o indiferencia sus nuevos desafíos.

La fragmentación política, la descomposición de las funciones de los comuneros, las profundas diferencias entre el lujo del destino turístico y la precariedad en las comunidades vecinas terminaron por enrarecer la convivencia entre nativos, avecindados e inversionistas. El recelo fue aprovechado por cientos, o tal vez miles de personas que pretenden montarse en las bellezas naturales, la riqueza de sus ecosistemas y la pobreza humana de algunos de sus moradores.

Son al menos 8 invasiones, algunas lideradas por presuntos pescadores, descendientes de comuneros, “trabajadores sin vivienda” y organizaciones sociales que inflan sus padrones con gente de comunidades de la Sierra Sur, de Miahuatlán  o de otras latitudes del país.

Alguno de los grupos se autodefinen como: Asociación por la Defensa de Ciudadanos Oaxaqueños A.C. –Parque del Amor–, Asociación civil Tercera Etapa, zona de talleres, en otro campamento solo se lee en un anuncio de plástico que su demanda es de vivienda de interés social. A estos grupos se suman las pretensiones de organizaciones sociales como el Comité de Defensa de los Derechos Indígenas (CODEDI), una de las corrientes internas de la Coalición Obrera, Campesina, Estudiantil del Istmo (COCEI); y más recientemente, en un plantón en Ciudad Administrativa, el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEP), incluyó entre sus demandas que les doten de terrenos y viviendas en Huatulco.

“Sí, yo estoy ahí, vamos a ver hasta dónde nos dejan o hasta cuando reaccionan; queremos un lugarcito para vivir, ya que tenemos años pidiendo que nos digan dónde vamos a ir con nuestra familia, nos tienen amontonados o esperan que uno se vaya al cerro, como animales”,  explica un acarreador de turistas cerca de la playa de Santa Cruz que pide no ser identificado.

Un taxista, comunero, señala que la gente tiene miedo;  primero interroga al que le pregunta, con desconfianza señala: “no patrón, aquí la gente no se mete, tienen miedo, con ellos anda la maña, si no cómo se explica que todos se queden callados”.

Uno de los prestadores de servicios turísticos que reconoce y fundamenta sus temores, en entrevista, pero sin grabadora, explica que en Huatulco la gente tiene la creencia o la certeza que el presidente saliente, José Hernández Cárdenas,  promueve las invasiones. “No ha dicho nada, parece que los cabrones se pusieron de acuerdo, el que se va (presidente municipal) tiene su grupo, el que llega trae el suyo y esa bronca se hizo más evidente unos dos meses antes de las elecciones, qué casualidad que nadie dice nada”.

Sin embargo, pocos o nadie se atreve a confirmar la presencia de la delincuencia  organizada en esta sucursal del paraíso, a la mínima referencia suspenden la plática o cambian de tema. “Con ellos anda gente peligrosa, primero las amenazas, luego comenzaron los incendios, luego llegaron las ejecuciones y las extorsiones; ¿quién crees que te quiera decir algo?… Advierte uno de los entrevistados que pidió el anonimato.

Algunos predios invadidos se ubican frente a la Universidad del Mar Campus Huatulco, otro en el acceso principal al desarrollo turístico, uno más atrás de la terminal de autobuses, en la zona de talleres. Y en el colmo de la petulancia de los invasores tomaron un cerro completo en el perímetro de la zona urbana y comercial de la Crucecita, atrás del templo católico y colindante con escuelas, negocios, restaurantes y oficinas. Para entrar;  y a veces para salir, los invasores utilizan un patio contiguo a las oficinas locales de la Fiscalía General del Estado.

Algunos de los posesionarios de predios irregulares ya viven en “sus lotes”, dicen ser comuneros o descendientes de ellos, otros aseguran ser pescadores, en otras invasiones los huatulqueños saben que las personas extrañas están ahí, pero se dejan ver poco, y viven en condiciones difíciles, en medio de espesa vegetación; hay un par de lugares en donde se sabe que ya repartieron lotes porque están delimitados con listones o cintas de plástico de color rojo.

El sospechoso silencio de las autoridades municipales salientes y las representaciones de FONATUR, PROFEPA, la Secretaría de Turismo y los propios comuneros, solo se interpreta entre los lugareños como miedo o complicidad.

Hasta ahora solo el presidente municipal electo de Huatulco, Giovany González García, se deslindó de las invasiones, y señala que buscará la atención de todas las autoridades incluyendo al gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, para que intervengan y resuelvan el problema de fondo que es la falta de vivienda.

De este tema se habla y se escribe poco; en un recorrido por las zonas en posesión de precaristas, el reportero tomó algunas fotografías. En al menos dos ocasiones también fue fotografiado y videograbado por algunos de los mismos “paracaidistas”, en uno de los predios ocupados, la gente que tiene la comisión de vigilancia tiene mayor organización, una mujer toma video con un teléfono, otra comienza a marcar a alguien para avisar de la presencia del reportero y pronto llegan dos en moto que siguen el vehículo y el que no va conduciendo en todo momento viene hablando con alguien por teléfono móvil. Nunca se acercaron ni intentaron detener la unidad, pero el “acompañamiento” duró varios minutos.

IMPACTO GLOBAL

La invasión de predios va más allá de la limitada visión económica o política de sus líderes, hasta ahora el desinterés institucional pone en riesgo el cumplimiento de acuerdos internacionales firmados por el gobierno mexicano ante organismos internacionales como la UNICEF y pudieran retirar los distintivos que tanto presume la SECTUR para atraer visitantes y divisas.

Raúl Sinobas, representante de la Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado, detalla que Bahías de Huatulco es reconocida como una comunidad turística sustentable y cuenta con la certificación Earthcheck nivel Platino por sus bajos índices de contaminación.

Tres de las 36 playas del complejo turístico cuentan con el distintivo Blue Falg por el sistema de gestión de sus ecosistemas y la seguridad de sus usuarios.

Santa María Huatulco firmó acuerdos como La Carta por la Tierra con la que se compromete a la protección ambiental, derechos humanos y desarrollo igualitario. De la misma forma se adhirió al programa de Mares Limpios de la ONU y también al programa el Hombre y la Biosfera, a través de la UNESCO.

Además, este complejo turístico fue registrado como el sitio RAMSAR 1321 como parte de la convención mundial para el cuidado de humedales y corales.

Todos los acuerdos y compromisos están amenazados por los invasores, y la indolencia de todas las autoridades y sus propios habitantes originarios quienes ven con indolencia la mutilación de su territorio y de la naturaleza.

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