Hasta siempre, compañero Carlos Pasarán Jarquín

 

* El gremio periodístico perdió otra pluma y la UABJO a un amigo y colaborador

Santa Cruz Xoxocotlán, Oax.- Caía la tarde calurosa en el panteón Mitlancíhuatl –en honor al Dios de la Muerte– de su natal Xoxo, cuando el giro inesperado en la historia de su vida confirmó el destino del periodista y compañero universitario Carlos Pasarán Jarquín.

Y es que el corazón siempre sí le falló, como para no volverle a apostar jamás, de acuerdo como él mismo parafraseó la canción de Cuco Sánchez en el último aliento de su vida, para aceptar finalmente el de “Vida nada te debo / vida estamos en paz”, del poeta Amado Nervo, en voz de un amigo de la familia.

Eran las 13:25 de la tarde cuando el féretro descendió de la carroza y traspasó el umbral del panteón, seguido por centenares de familiares y amigos, entre coronas de palma y flores, bajo los acordes musicales de seis integrantes del Mariachi México.

Ahí nomás, sobre el pasillo principal del lugar donde reposan los muertos, dos tumbas después del lado derecho, en una fosa de 80 por dos metros de largo y más de tres de hondo, en el lugar que también ocupa su padre, el capitán de Transmisiones Felipe Pasarán Andrade, quedó Carlos, el varón de los tres hermanos y hermanas de la familia Pasarán Jarquín.

El cortejo fúnebre con los restos del periodista oaxaqueño inició su despedida hacia el mediodía de este viernes 9 de junio, dos días después de su muerte física.

Partió de su hogar, en el número 13 de la calle Benito Juárez, junto a la Ermita de las Tres Cruces, para la misa de cuerpo presente en el templo católico de la comunidad xoxeña que lo vio nacer y crecer a partir de un 9 de febrero de hace 46 años.

Y de ahí cuesta arriba, con una descubierta de nueve coronas de palmas y flores, de amigos y compañeros de trabajo, especialmente de la UABJO donde laboró durante los últimos 13 años, rumbo a su última morada, por las calles que caminó desde su niñez.

Lector voraz y mejor conversador, Carlos murió poco antes de las 14:00 horas del 7 de junio, Día de la Libertad de Expresión, como militante del oficio de periodista que ejerció la mayor parte de su vida, desde las páginas de revistas culturales y corresponsal de un medio en el extranjero, pasando por el periódico Noticias, hasta la UABJO y su última incursión en el periódico “Centro” y el portal por Internet Tres Grados.TV

Disminuida su fortaleza física, acosado por la fatiga que lo hacía sucumbir, Carlos perdió la batalla contra su corazón, que dejó de latir mientras era llevado al hospital por su esposa, Fanny, entre afirmaciones de: ¡No me quiero morir!

Sus amigas y amigos del gremio periodístico y de la Máxima Casa de Estudios lo recuerdan como buen conversador, el comentario preciso, a flor de piel, puntual e inteligente la ironía, que invitaba a continuar la conversación y concluía en franca camaradería al final de cada intervención suya.

Profesional en su trabajo, la redacción precisa que aprendió en el desempeño diario, le permitió ocupar un lugar en el ejercicio periodístico que desarrollaba la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), a donde ingresó como subdirector en 2004, durante el rectorado de Francisco Martínez Neri.

Continuó como director de Comunicación Social en la gestión del rector Rafael Torres Valdez, y siguió como coordinador de Asesores durante la gestión del rector Eduardo Martínez Helmes.

Los tiempos de cambio en la Universidad estatal volvieron a Carlos a la titularidad de Dirección de Comunicación Social, donde se desempeñó durante más de medio año, al lado del actual rector, Dr. Eduardo Bautista Martínez, y a partir del 1 de enero de 2017 se ocupó de otras actividades dentro de la misma institución.

A las 13:37 horas de este 9 de junio, entre aplausos y el último trago de mezcal a la tierra que lo recibió, comenzó a ser desplazado el ataúd con el cuerpo del compañero hasta la puerta del sepulcro.

Un minuto después, su hijo menor, Santiago, echó un puño de tierra sobre la tumba y un disco compacto con las canciones de su preferencia, mientras la caja de madera con los restos del comunicador descendía hasta el fondo.

Luego, su hijo mayor, Carlos, le depositó una de sus lecturas preferidas: “Cien Años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, y otro de sus familiares una playera de Black Sabbath, porque al comunicador le gustó el Heavy Metal. Llantos, rostros tristes y desencajados acompañaron el momento.

Eran las 13:40 y la gente, los suyos, su pueblo, sus amigos, se unieron a la plegaria con un “Dios te salve María / llena eres de gracia / el Señor es contigo”, pronunciado en letanía por una mujer con los hábitos de monja sobre el cuerpo.

La tierra caía a paladas, revuelta con los restos del féretro de su padre, don Felipe Pasarán, mientras dos fotografías del periodista, sostenidas por sus hijos y familiares, presenciaban su propio entierro.

Al final, sobre el montículo de tierra fueron colocadas las nueve coronas de palmas y flores que enviaron la Rectoría y diversas Unidades Académicas de la UABJO, así como de los medios de comunicación donde también laboró.

Dos familiares dieron las gracias a las y los dolientes por el acompañamiento y las atenciones recibidas. El último cerró el ciclo con el poema de Nervo para señalar que Carlos Pasarán Jarquín nada le debe a la vida y queda con ella en paz.

El gremio periodístico perdió otra pluma y la UABJO a un amigo y colaborador.

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